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Viernes, 29 diciembre 2017

Tabarnia y los pueblos del interior

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Ya les he dicho muchas veces que estoy convencido de que algo raro están soltando por las chimeneas de este país, sin ayuda parece prácticamente imposible que haya tanto iluminado y tanto cerebro hecho agua. Aquí, cada loco con su tema, quien más quien menos tiene proyecto propio para renovar nuestro modelo de Estado.

Sería conveniente reflexionar sobre el hecho cierto de que el modelo de estado español funcionó a la perfección hasta que el insaciable derroche autonómico llevó a la clase media española a la pérdida de su poder adquisitivo por sufrir una presión fiscal totalmente desproporcionada con sus ingresos y, lo que es más grave, totalmente descompensada con lo que el contribuyente recibe a cambio de sus impuestos.

 

¿Se acuerdan de cuando a casi todos nos llegaba el sueldo hasta fin de mes? ¿Recuerdan cuando cualquier obrero podía comprarse un piso porque las cuotas mensuales de las hipotecas estaban proporcionadas con los salarios? Y eso que los intereses estaban por las nubes.

 

La creación de 17 estados paralelos, las 17 autonomías, sumado a la entrada del euro en nuestros bolsillos, lo que supuso que en 24 horas todo lo que valía 100 nos costara 166,66, llevó la ruina a millones de hogares españoles. De repente había que empezar a pagar 17 parlamentos y gobiernos más, cientos de miles de cargos políticos nuevos con sueldos estratosféricos, casi un millón más de funcionarios públicos para servir al aparato burocrático de las comunidades autónomas, miles y miles de coches oficiales, miles de asesores, amiguitos bien colocados y mejor pagados, y millones de euros diarios  de un gasto corriente inútil e innecesario.

 

Ya, ya sé que no es políticamente correcto atacar la línea de flotación de la ruina autonómica pero como no lo he sido nunca, me refiero a políticamente correcto, seguiré sonriendo cada vez que me llamen “facha” por atreverme a decir lo que piensan millones de españoles.

 

No solo tenemos que pagar el gasto desorbitado de los gobiernos regionales, además tenemos que aguantar su continuo chantaje al Estado para seguir aumentando su gasto sin conocimiento y sin conciencia.

 

El 36% de toda la “clase política” española no ha trabajado nunca. ¿Cómo coño va a administrar mi dinero alguien que no ha pagado de su bolsillo una factura en su puñetera vida?

 

Creíamos que con la “salida de madre” del sectarismo, impuesto bajo adoctrinamiento en las aulas, de los Països Catalans habíamos tocado techo en lo referente al delirio secesionista antiespañol. Pues no. Alguien tiene aún ideas tan peregrinas como “Tabarnia”. Se trata de aunar el voto no secesionista separándose de aquellas tierras, zonas rurales en su mayoría, donde el voto es inconsciente y  mayoritariamente  separatista.

 

El calificativo de inconsciente no es gratuito. Las zonas rurales, cuya economía está basada, salvo raras excepciones, en la agricultura y la ganadería irían a la ruina total sin las subvenciones del Gobierno de España y, sobre todo, sin las ayudas tramitadas y conseguidas por este ante las autoridades comunitarias. El campo subsiste gracias a las generosas ayudas de la CEE.

 

Claro queda que el campesinado catalán, ayudado por la nefasta e injusta Ley Electoral española, no entiende de economía o no quiere reconocer que vive de la solidaridad española y europea.

 

Lo mismo les pasa, ignoran la economía por intereses electorales, a todos esos que afirman que “España nos roba” mientras han estado “chupando del bote” de la caja central durante generaciones a cambio de cuatro votos puntuales para investiduras presidenciales o aprobación de presupuestos.

 

Estoy convencido de que los españoles podríamos llegar a no pagar impuestos, me refiero al IRPF. Solo haría falta cerrar las autonomías y el Senado. Me queda la duda de si podríamos soportar el gasto de mandar al paro a tanto vago y a tanto enchufado.

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