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Sábado, 30 diciembre 2017

Tercermundismo, abandono y despoblación

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No sé lo que ustedes pensarán cuando ven las fotografías de camiones cisterna abasteciendo de agua potable a algunos pueblos de la provincia, a mí, lo primero que me pasa por la cabeza es tercermundismo, abandono de la población por parte de las instituciones y comprensión hacia aquellos que deciden dar por finalizada su vida en el ámbito rural.

Si los judíos han rescatado del desierto millones de hectáreas para convertirlas en vergeles productivos para la agricultura se me hace muy cuesta arriba pensar que la desertización de la península y la falta de agua en algunas zonas de España no tengan solución.

 

Supongo que lo que falta es voluntad política. Mientras dedicamos cientos y cientos de millones de euros a proyectos educativos en defensa del idioma, en televisiones autonómicas destinadas a la “autopropaganda” institucional, en colocar, muy bien pagados, a todos los amigos y a aquellos que se quedaron fuera de puestos políticos en la últimas elecciones, en revisar al alza, año tras año, los sueltos de los cargos públicos, en participación ciudadana, transparencia, “multiculturalidad” y todas esas labores que sirven para disfrazar la inactividad de nuestros ayuntamientos, diputaciones y gobiernos regionales, somos incapaces de que los pueblos dispongan de agua corriente.

 

Si se destinara a este problema una mínima parte de lo que se derrocha en acciones en busca y captura del voto, tengo la seguridad de que habría agua en todo los pueblos de nuestra provincia y en todos los de España que padecen la escasez de suministro porque ya no son políticamente rentables.

 

Algo que parece no entrar en la estrategia de nuestras instituciones es priorizar necesidades a la hora de distribuir los recursos. Gastamos más dinero en el esfuerzo en transformar, transgrediendo la Constitución, nuestro estado aconfesional en laico que en llevar agua a los pueblos.

 

Hemos legalizado la gran estupidez de poner las competencias sobre el agua en manos de autonomías, políticos y nefastas e inútiles confederaciones hidrográficas. Que los trasvases de agua entre autonomías dependan de decisiones políticas es una traición al pueblo español, único propietario del agua, y a aquellos que se ven privados de ella mientras otros la derrochan. También es cierto que aún tienes que ver riegos por inundación en terrenos de aquellos que se quejan de falta de recursos acuíferos, a estos habría que juntarlos con los políticos y mantenerles a “pan y agua” en cuanto a regar se refiere.

 

Hemos, mejor dicho, han dejado los pueblos sin médico, sin escuelas, sin oficinas bancarias, sin servicios burocráticos y a algunos les han dejado hasta sin agua.

 

Mientras esto ocurre hay a quien se le llena la boca con la “lucha contra la despoblación rural” aportando alguna “limosna” transitoria a problemas estructurales serios y muy antiguos a los que nadie ha puesto remedio por su escasa rentabilidad política.

 

No hay freno a la despoblación del mundo rural mientras no se dote a los pueblos de los servicios mínimos que un ciudadano necesita para su día a día. No hay nadie sensato, solo aquellos que por obligación deben hacerlo, que se quede a vivir en un pueblo donde la vida de su hijo o de su anciano padre corra peligro por tener el médico más cercano a una hora de coche, cuando acudir al banco es perder la mañana o cuando simplemente renovar tu carné de identidad es perder un par de días y hacer, en algunos casos, centenares de kilómetros. Hasta la seguridad ciudadana ha descendido, primero por el crecimiento de la delincuencia y segundo por la falta de presencia de Guardia Civil que cuenta cada día con menos efectivos y menos medios.

 

El abandono de las instituciones lleva al tercermundismo y este a la despoblación.

 

La solución es fácil, gastemos en nuestros pueblos parte del dinero que derrochamos en proyectos electoralistas y pararemos la despoblación, también el tercermundismo al que se ha condenado a muchos vecinos de pueblos pequeños abandonados a su suerte.

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