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Lunes, 15 enero 2018

Sin punto cardinal

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Suele decirse que “se ha perdido el norte” cuando nos referimos a aquel que está desorientado y no sabe muy bien qué hacer. Aquí, y ahora, no solo hemos perdido el norte, también el sur, el este, el oeste y hasta la brújula.

Nuestros responsables políticos tienen tal “empanada mental “ con algunos conceptos que no terminan de asimilar y entender que son capaces de hacer o decir las cosas más absurdas.

 

 

Mientras nos llenan los oídos de “igualdad”, no paran de financiar cursillos solo para mujeres, lanzar ofertas de trabajo exclusivamente para señoras  y crear ayudas a las que solo las féminas tienen acceso. Curiosa manera de fomentar la igualdad y de cumplir el Art.14 de nuestra Constitución que han jurado o prometido cumplir.

 

 

Ya sé que no es políticamente correcto, pero puedo asegurarles que una gran mayoría de señoras, sobre todo aquellas que tienen la cabeza mejor amueblada, coinciden en afirmar que con tanta farsa feminista son ellas las que han salido perdiendo. Otras, con la cabeza no tan bien amueblada, se molestan si les cedes el asiento en una cafetería o el paso al cruzar una puerta, y no tengas la osadía de invitarles a un café que son capaces de atizarte con el euro.

 

 

Ha habido iluminadas, me estoy refiriendo a Manuela Camena, alcaldesa de Madrid por la Gracia de Dios y el PSOE, que se han gastado 45.000 € en un estudio para ver el impacto de género que ha tenido el soterramiento de un tramo de la M-30. En Castellón, para eso somos de Castellón, llegamos más lejos. Nuestro ayuntamiento, en una idea liderada por la vicealcaldesa Ali Brancal, se ha empeñado en desarrollar un Plan General de Ordenación Urbana con perspectiva de género, “Castellón será la primera ciudad de España que se planificará bajo un urbanismo feminista". ¡Toma ya!

 

 

Estos, que tanto han criticado a Franco, terminarán por volver a aquello de los hombres a un lado y las mujeres a otro en la Santa Misa y en espectáculos públicos, más en lo segundo dada su alergia declarada al humo de las velas.

 

Quiero dejar claro mi más absoluto de los respetos y admiración por las mujeres, tengo madre, esposa e hija y no siento la más mínima desigualdad entre ellas y yo, si acaso me molesta que son más listas y siempre "me pillan". Digo esto porque soy consciente de que la "progresía" utilizará mis palabras, de las que seguramente no han entendido nada, para atizarme. Para su desmoralización les diré que no me ofenden, solo ofende quien puede no quien quiere. Y una advertencia, el documento gráfico de la cabecera es tan solo un chiste, el que lo interprete como otra cosa allá él.

 

No solo en la cultura de género hemos tocado techo. En la finca en la que resido son habituales las quejas por los juegos de los niños en el patio privado e incluso, en el colmo de la falta de humanidad, por los lloros de algún bebé, se lo puedo jurar. Pues bien, en la segunda planta hay un perrito que se pasa ladrando las aproximadamente diez horas del día que sus imbéciles propietarios le dejan solo. Ni una sola queja. Tengo que confesarles que en mi finca ya casi hemos alcanzado la “paridad”, ya casi hay más perros que vecinos. Será por eso por lo que no hay quejas de ladridos y sí de llantos.

 

No puedo dejar de acordarme de mi pobre y difunto padre cuando afirmaba, respaldado por su fe inquebrantable, que ”Hay una prueba evidente de la existencia de Dios, que el número de imbéciles es infinito”

 

 

A toda esta banda, a la que molesta el Mesón del Vino, los conciertos en el Recinto de Ferias, los castillos pirotécnicos y el llanto de un bebé, curiosamente, no les molesta un “chucho” ladrando diez horas diarias.

 

 

No quiero entrar, pierdo los papeles y ya lo he hecho otras veces en este mismo espacio, en analizar la tremenda estupidez de “compatibilizar ocio y descanso”, no por su concepto en sí mismo sino porque siempre, al final de las conclusiones, se cargan el ocio de muchos para que duerman unos pocos, tirando piedras a nuestro tejado, cargándonos el turismo o simplemente el derecho a la diversión de nuestros jóvenes.

 

 

No sé el impacto que puede tener el género en nuestra vida cotidiana, no sé si algún perro llegará a ser presidente de mi comunidad de vecinos, sí sé que la estupidez nos persigue a cada instante.

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