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Redacción CsD
Sábado, 20 enero 2018

División

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La palabra, principal vehículo de comunicación entre las personas, ha dejado de ser útil para el acercamiento para convertirse en herramienta política de discriminación y enfrentamiento. Utilizar la lengua para crear ciudadanos de primera y ciudadanos “apestados” de segunda es el primer paso para, copiando el modelo catalán, conseguir la ruptura social de un pueblo para, supongo, llevar a buen término aquello de “divide y vencerás”.

Quiero creer que ese es el fin, el “pancatalanismo”, la secesión de España y la independencia de los inexistentes “Països Catalans”, sería más grave si hubiera trasfondo racista, acuérdense del famoso rh- de “monseñor” Arzallus, y si de verdad alguien hubiera llegado a creerse que los valenciano parlantes son de superior categoría, vaya usted a saber, es difícil encontrar algo tan retorcido como el oculto cerebro de una agenda nacionalista.

 

Cual gueto de Varsovia, los nacionalistas ha señalado aquellos comercios donde usted será recibido y atendido en catalán, sí en catalán, a estos talentos el valenciano les importa tres narices. En vez de colocar la estrella de David como advertencia de los infectados han dispuesto pegatinas de reclamo publicitario.

 

Hasta Teresa Bellido, sociolingüista y Secretaria de Participación de Podem Castelló, no creo que ella sea sospechosa de “facha”, ha afirmado: «ese tipo de campañas son bienintencionadas, pero no responden al contexto lingüístico de la ciudad y corren el riesgo de provocar un efecto rebote, generando prejuicios ideológicos contra el valenciano». Completamente de acuerdo con ella menos en lo de bienintencionadas. O mucho ha cambiado la idiosincrasia española o seguimos siendo gente a la que molestan las imposiciones.

 

La promoción turística, con la que tan comprometidos están nuestros políticos, también está en riesgo. Vender Castellón en inglés o francés ya es costoso, en catalán ni lo intenten.

 

¿Las pegatinas servirán para atraer clientes o para perderlos? No lo sé, seguramente para las dos cosas, pero una vez más el nacionalismo sectario habrá vencido cuando los castellonenses nos dividamos en usuarios de estos establecimientos y en clientes potenciales perdidos por  el sectarismo lingüístico.

 

Espero, una vez analizada la catástrofe catalana, que ustedes no caigan en la trampa nacionalista, hablen español o valenciano libremente sin que se lo impongan, y lo más importante, no se dejen convencer de que el idioma es un “hecho diferencial”, esto, en valenciano y en español, es una auténtica tontería.

 

 

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