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Luis Andrés Cisneros
Viernes, 9 febrero 2018

Al servicio del pueblo

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Cambio de logotipo: lo que pedía toda la sociedad valenciana

 

Años llevaba el conjunto de la sociedad valenciana, o sea todos los habitantes de Castellón, Valencia y Alicante, así como los miles de turistas que nos visitan año tras año, clamando por un cambio en el logotipo de la Generalidad Valenciana. Era una cuestión de mera supervivencia. Y claro, como nuestros políticos están al servicio del pueblo, pues a por ello.

 

Pero a nadie le han explicado, ni lo harán, el cambio de corona del logotipo, que ha pasado de ser una corona real (Reino de Valencia) a una de vizconde. Otra casualidad, el vizcondado es inferior en rango de condado, o sea que el Reino de Valencia pasa a estar bajo el manto del Condado de Cataluña.

 

Otra cuestión en la que estaba en juego la supervivencia de los habitantes de nuestra ciudad, era el cambio de nombre de Castellón a Castelló. Preocupados por los incesantes disturbios que la pronunciación del topónimo y enfrentamientos entre partidarios de uno y de otro se producían, el Comisario Político García, estando al servicio del pueblo, prohíbe uno de ellos (por azar el nombre en español). Su único objetivo es que nuestra lengua oficial desaparezca.

 

El pueblo de Castellón demandaba, a voz en grito, una formación efectiva sobre “los nuevos hombres”, o sea lo que hay que hacer para que los hombres dejen de serlo y se avergüencen de haber nacido con atributos genéticos masculinos. Es decir, tienen que luchar contra la propia genética y la biología. En vista de eso, la concejal de Igualdad (la igualdad desigual, un nuevo concepto, acorde con los tiempos actuales), apoya un libro que nos descubre que tenemos que dejar de ser hombres. Curiosa forma del autor de obtener ingresos pecuniarios.

 

Como, aparentemente, a nuestros gobernantes les sobra el dinero a espuertas, y atendiendo, una vez más las súplicas del pueblo, se lanzan a la creación de una televisión y radio propias, que ya empiezan siendo deficitarias. Tenemos un grupo importante de directivos de dicho ente, que sin haber emitido ni un minuto, van cobrando sus emolumentos (que no son pocos).

 

En todas partes cuecen habas, como se dice habitualmente. Ya tuvimos aquí un ejemplo parecido, el PP nombró un Director de la Ciudad de las Lenguas (tenía que ser de las lenguas muertas, ya que nunca existió), pero que disponía de Director, Asesor y otras bagatelas y tampoco era barato.

 

Los habitantes de Castellón, también están desesperados ya que, según sus gobernantes, la presencia de cruces cristianas en las calles y parques de la ciudad, atenta gravemente contra su salud, habiéndose diagnosticado infinidad de patologías incurables. Eso piensan los cristianófobos que nos manejan, ¿o también atienden una petición mayoritaria?

 

Pero claro, independientemente de la carga ideológica que todos estos actos conllevan, tenemos que pensar lo más sustancial, que todo ello lleva, de manera implícita un montante económico importante, que es el que siempre nos ocultan.

 

Analicemos, ¿Cuánto nos cuesta el cambio de logotipo? ¿Cuánto el cambiar el nombre de la ciudad de Castellón? ¿Cuánto nos cuestan las políticas de igualdad? ¿Cuánto va a suponernos el costo de tener un Ente de comunicación deficitario? ¿Desmontar y hacer desaparecer los signos cristianos nos sale gratis? ¿Cuántos “amigos” o “conocidos” se van a llevar las contratas de todos esos cambios?

 

Mientras tanto, esta semana he tenido ocasión de ver en Intereconomía tv una entrevista con una mujer que reside en el pueblo madrileño de Arroyomolinos que, viuda con seis hijos y con una renta básica de 560€ no tenía ni para pagar la calefacción, ni la luz.

 

Bueno, pues gente que vio y escuchó el programa se volcó con Olga (así se llama esta mujer española) y la apoyaron ofreciéndole ropa, alimentos y, en un primer momento, haciéndole llegar a una cuenta bancaria más de 1000€. Y las autoridades competentes, en vista de este aporte extra económico, le quitó 150€ de su asignación mensual. De ciencia ficción.

 

Ayudar a gente cómo esta mujer sí que es lo que reclama el pueblo, no las necedades en que invierten el dinero nuestros bien pagados servidores públicos. Ellos no se quitan nada de las dietas y sueldos que les pagamos. Por cierto ¿Dónde están las feministas y los responsables de igualdad? Al servicio del pueblo desde luego que NO.

 

 

¡¡VIVA ESPAÑA!!

Luís Andrés Cisneros

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