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Miércoles, 7 marzo 2018

El aplauso más largo del mundo

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Permítanme que no sea hoy yo, el de siempre, quien firme este editorial. Lo firma mi compañero y excelente periodista deportivo Jesús Álvarez en “A la contra” y no he resistido la tentación de hacérselo llegar

  • El público presente en la Gala de la Asociación Española de la Prensa Deportiva se puso en pie espontáneamente para recordar con un aplauso a Ángel Nieto

 

 

JESÚS ÁLVAREZ. Convendrán conmigo en que la mejor manera de testimoniar nuestra admiración o gratitud hacia una persona o hecho relevante es el aplauso. En el deporte aplaudimos los goles de nuestros equipos o las mejores jugadas de nuestros tenistas o tal vez las hazañas de nuestros ciclistas, así hasta un largo etcétera. El aplauso es seguramente la forma más sencilla y espontánea de expresar nuestros sentimientos y nuestra satisfacción por algo. Pero en la vida cotidiana también hay otros muchos hechos o virtudes merecedores de aplausos. Cuando además esto sucede de una manera espontánea e inesperada, estamos ante algo destacable y digno de resaltarse.

 

 

Les cuento todo esto porque el pasado lunes 26 de febrero fui testigo de algo, no diría que insólito, pero sí muy esclarecedor; de hecho, creo que no lo había vivido nunca a pesar de mi dilatada trayectoria profesional o, al menos, yo no recordaba.

 

Fue en la Gala de los Premios del Deporte que cada año concede la Asociación Española de la Prensa Deportiva. Un acontecimiento que nos llevó hasta Castellón donde en su magnífico Auditori tuvo lugar esa gran fiesta anual del deporte que premia y reconoce a los grandes deportistas del año anterior, en este caso del 2017.

 

Creo que, con buen criterio, a la Junta Directiva de la Asociación Española de la Prensa Deportiva se le ocurrió entregarle una distinción, a título póstumo, al gran Ángel Nieto, fallecido, como todos recordarán, el pasado mes de agosto en Ibiza. Puestos al habla con la familia Nieto, al final decidieron que fuese Pablo Nieto, el segundo de los hijos del malogrado expiloto el que recogiera la distinción. Y a mí, como presentador de la gala junto a Ona Carbonell, me tocó explicar y justificar el hecho de entregarle este reconocimiento a Ángel Nieto.

 

La puesta en escena fue muy atractiva. Una de las motos de Ángel, la famosa Derbi 50 c.c. con la que tantos títulos logró, fue colocada en el escenario mientras los asistentes a la Gala seguían ensimismados uno de los trucos que le hacía el mago Jorge Luengo a José Antonio Camacho, el exseleccionador nacional de fútbol, en el patio de butacas. Cuando se quisieron dar cuenta, o sea, cuando finalizó el número, una voz en off, la del propio Ángel Nieto, ya se escuchaba en el Auditori mientras un potente foco iluminaba la Derbi. Hablaba de lo que habían sido para él las motos, lo que significaba el haber ganado nada menos que 90 Grandes Premios, sus 12+1 títulos mundiales, etc. Cuando todo esto terminó, se hizo por completo la luz en el Auditori, y fue el momento en el que Pablo Nieto y Julián Redondo, el presidente de la Asociación Española de la Prensa Deportiva, subieron al escenario; uno para entregar, el otro para recibir.

 

Y, de repente surgió lo inesperado: las cerca de 800 personas que llenaban el recinto comenzaron a aplaudir de forma espontánea todos puestos en pie. No se me ha ocurrido contar el tiempo que estuvieron aplaudiendo, quizás 3 ó 4 minutos, tal vez menos, pero les puedo asegurar que aquello se me hizo eterno. O se me antojó eterno, porque como es lógico no se me ocurrió interrumpir ni por asomo ese gesto tan bello y emocionante que quedará, seguramente, como uno de los aplausos más largos que haya podido recibir un deportista, en este caso su memoria, sobre un escenario.

 

Como se pueden imaginar, Pablo comenzó a llorar de emoción y por un momento casi nos contagió a Julián Redondo y a mí, que seguíamos la escena atónitos. En un momento dado, Pablo me abrazó presa de la emoción, y ahí creí sucumbir ante el recuerdo de los triunfos y los buenos momentos que su malogrado padre consiguió para el deporte español. Y es que, a pesar de la buena salud de la que ahora goza nuestro deporte, no puedo por menos recordar que no siempre fue así, que antes de ahora hubo unos pioneros que cuando en este país no había cultura ni tradición deportiva, pusieron el nombre de España en lo más alto del pódium. Federico Martín Bahamontes, Manolo Santana, Pedro Carrasco, Paquito Fernández Ochoa, Severiano Ballesteros y el propio Ángel Nieto, fueron las primeras grandes referencias de nuestro deporte y gracias a sus triunfos nos abrimos un hueco en el selecto elenco de grandes campeones. A Ángel Nieto le tocó, en esta ocasión, ser el protagonista del homenaje, pero creo, sinceramente, que ese interminable aplauso, quizás el más largo del mundo, iba también dedicado un poco a todos ellos. Así lo sentí, y así lo cuento.

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