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Viernes, 11 mayo 2018

Anacrónico

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El relato que a continuación leerán perplejos puede parecerles una locura pero puedo asegurarles que bien podría estar extraído de algún manual separatista, de un libro de texto en Cataluña, de la memoria histórica marxista, o simplemente de algún programa de entretenimiento en TV3. También podría leerse, desde ayer, en el programa electoral de Compromís en cuya redacción ha estado directamente implicado el ilustre senador D.Carles Mulet.

Hasta ahora pensaba que eran solo nuestros jóvenes “víctimas de la Logse” quienes pensaban que Nerón y Napoleón eran amigos y jugaban al mus los sábados por la tarde. Pues no, parece que hay bastante más gente que tiene visión anacrónica de la historia.

 

Cuentan que Salvador Martí, Director del Ministerio del Tiempo, reunió en torno a la gran mesa de  su despacho a una serie de personajes a los que encargó la misión de descargar sus culpas, todas, sobre la figura de Francisco Franco Bahamonde. Era la solución deseada para exculpar de cualquier responsabilidad a los protagonistas de la “Memoria Histórica” que había conseguido imponer el pensamiento único.

 

El primero en hablar fue el Rey Don Pelayo que no dudó en acusar al “Movimiento” franquista de la represión ejercida por sus huestes contra los pobrecitos y desprotegidos musulmanes que osaron asomar sus narices por Asturias y comenzar una brutal represión que duró 700 años y que solo paró cuando su amiga Isabel de Castilla tomó Granada en una campaña llevada a cabo junto a su esposo Fernando de Aragón. No fue una reconquista, los asistentes ignoraban la invasión musulmana en el 711 y consideraban que los moros habitaban  la península desde Adán y Eva

 

Fue Isabel, La Católica, quien  tomó la palabra por alusiones para pedir a todos los presentes perdón por su obstinada Fe católica argumentando que le fue impuesta por “el Caudillo” en una charla para la que fue citada en el Palacio del Pardo. También se disculpó por haber expulsado a los moros de la península y por haber creado ese “monstruo” represor que dio en llamarse España.

 

Su esposo, D.Fernando, fue el siguiente en imponerse penitencia y disculparse ante la gran mentira que históricamente había mantenido de llamar Aragón a su reino cuando en verdad su nombre era Cataluña. Afirmó que fue una imposición que le llegó desde la Academia General Militar de Zaragoza al poco de su fundación allá por el año del Señor de 1.882.

 

Con lágrimas en los ojos y su inseparable imagen de la Virgen de los Reyes en la alforja, pidió la palabra Sancho VII “El Fuerte” de Navarra para entonar el “mea culpa” por su desproporcionada y cruel intervención en la batalla de las Navas de Tolosa aunque en su descarga proporcionó documentos que demostraban que la campaña había sido diseñada por el General Gonzalo Queipo de Llano y la cúpula militar del Gobierno de Burgos en 1.939. A él, afirmó, jamás se le hubiera ocurrido semejante afrenta al amigo musulmán.

 

El Presidente de la Real Academia de la Historia aleccionó a los presentes afirmando que cuando Carlos III decidió que la señera roja y gualda representara a España y ondeara en el palo mayor de todos los barcos de la mayor armada de la tierra, tras haberle sido presentadas varias opciones, fue un jurado designado para la ocasión, presidido por Franco, quien eligió los colores.

 

Cristóbal Colón defendió que la evangelización de los indígenas de América fue una trama urdida por el Secretario General del Movimiento y que nunca se rescató a la población autóctona de la esclavitud que portugueses e ingleses quisieron imponer años después de su fallecimiento.

Se le pidió reconociera que la campaña del descubrimiento de América fue financiada por el Reino de Cataluña al que falseando la realidad llamaban de Aragón.

 

Sin duda una de las intervenciones más comprometidas fue la de Carlos I y su hijo Felipe II. Mostraron su arrepentimiento por haber convertido, por orden de Franco, el Imperio de España en referencia cultural y religiosa, llevando progreso a América y sentando las bases de lo que años más tarde fue la vieja Europa, garante de costumbres y moral católicas que cimentaron la riqueza cultural y científica que permitió al viejo continente, durante siglos, albergar la sabiduría en que se basa toda la cultura occidental. Nadie se explica cómo se les pudo ocurrir tan macabra idea.

 

Hubo muchas ponencias, de nuestra más reciente historia se habló del invento fascista de los hechos de Paracuellos del Jarama que los “carcas” mentirosos fechan entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1.936. Se dejó claro que el bombardeo de Cabra, 7 de noviembre de 1.936, fue una fiesta en donde a los lugareños se les fue de las manos el uso de la pirotecnia con el resultado de 109 muertos y 200 heridos graves entre la población civil, el doble de los que murieron en el crimen fascista de Guernika pero donde no hubo intención ninguna de hacer daño a nadie.

 

 Se decidió cambiar el nombre de todas las calles donde aparecía el nombre de Franco por el de  Avenida de San Ibuprofeno, patrón de la curación de todos los males.

 

Unánimemente se acordó mantener en la historia el personaje de Franco como destinatario final de todos los males que padecemos aplicando la máxima de que “se necesita a alguien a quien echar la culpa”

 

 

Finalmente los presentes firmaron un manifiesto reivindicando la nacionalidad catalana de Santa Teresa de Ávila, Cristóbal Colón, Miguel de Cervantes y Julio Iglesias

 

 

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