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Miércoles, 13 junio 2018

Mirar para la costa, mirar tierra adentro

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Nunca, créanme, me he alegrado del mal de nadie, puede que lo mío sea un caso para analizar dada la habitual alegría con que algunos reciben las malas noticias de otros. Pero lo más perverso no es esa alegría en sí misma sino que son incapaces de reconocer el mal cuando afecta a “los suyos”

Han pasado muchos años desde que José  Barrionuevo, exMinistro de Interior, y Rafael Vera, exSecretario de Estado de Seguridad, entraron en prisión por el GAL. No me alegré, no había motivo alguno para alegrarse de la desgracia personal más cuando el verdadero culpable “X” no había dado la cara y quedaba en la calle.

 

No me alegro nunca de que nadie vaya a la cárcel, menos aún políticos que no son en absoluto ningún peligro para la sociedad, solo me gustaría que fueran obligados a devolver lo robado si es que su delito ha sido ese.

 

No entiendo el júbilo alrededor de las condenas de Gürtel cuando muchos que los que hoy las celebran se verán en el banquillo más tarde o más temprano si es que es cierto que todos los españoles somos iguales ante la Ley ya que nadie protesta, y los medios de comunicación callan, cuando los miembros de Convergencia y Unión, con el “intocable” Jordi Pujol a la cabeza, cambiaron de sitio 6,6 millones de euros como mínimo  y parece que la justicia sigue mirando para otro lado a saber mandada por quien. A esta banda se les permite formar Gobierno Autonómico en Cataluña mientras a Francisco Camps quieren meterlo a la trena por dos trajes.

 

Presenciando la instrucción,  las vistas orales del caso de los “EREs” andaluces y la protección mediática con que cuentan los imputados creerse que todos los españoles somos iguales ante la Ley es como es como creerse, y eso que están en ello, que Francisco Franco planificó la batalla de Guadalete y es responsable de la muerte del Rey Rodrigo.

 

Ayer la “progresía izquierdista” celebró alborozada la condena de Iñaki Urdangarín. Es curioso que aquellos que se financian con la sangre de Cuba o Venezuela, que quienes roban el dinero de los parados andaluces aplaudan una sentencia que recibirán en la misma medida si, repito, todos somos iguales ante la Ley.

 

El montaje publicitario de la recogida de los inmigrantes a bordo del Aquarius ha servido para volver a dividir a los españoles, unos convencidos de que es un acto humanitario necesario y otros seguros de que es un atentado más a nuestra seguridad y nuestra economía.

 

España, dejemos de mirar para la costa, es un país con casi 13 millones de personas que viven en la pobreza y al borde de la exclusión social. Nuestro país mantiene pensiones de viudedad que hacen de muchas de nuestras abuelas pobres marginadas. Teniendo en cuenta el deber que toda persona tiene de ayudar a sus semejantes no creo que los  subsaharianos a bordo del mencionado barco deban tener prioridad.

 

Ayer leía: “No hace falta limpiar vuestra conciencia recogiendo negros en el mar. Hay ancianos que han levantado España y no tienen donde caer muertos”

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