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Antonio García
Martes, 3 julio 2018

No hay que darle tantas vueltas.

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La “tragedia nacional” de nuestra eliminación del Mundial de Fútbol Rusia 2018 ha destapado el tarro de las esencias para que cada uno opine con cosecha propia de lo divino y de lo humano.

 

El fútbol es un juego, un deporte convertido en un gran negocio pero al fin y a la postre un juego. Nadie debiera convertir en “episodio nacional” una derrota en octavos de final, más o menos a lo que España ha estado acostumbrada hasta la llegada de los títulos.

 

Hay quien apunta a que todo empezó con la deslealtad, natural en él por otra parte, de Florentino Pérez. Niego la mayor. Esta selección, esta época dorada de nuestro fútbol, llegó a su final, claramente, en agosto de 2014, el día que el mejor jugador del mundo de la última década, Xavi Hernández anunciaba su retirada de la Selección. Solo había un jugador capaz de hacer “bailar” a la Selección al ritmo que él marcaba y , al mismo tiempo, imponer el compás al equipo contrario, era Xavi Hernández. Cada uno de sus partidos puede utilizarse para las escuelas de fútbol y que el profesor diga una sola frase antes del darle al “play”: “Al fútbol se juega, así”

 

Un año después también se marchó del FC Barcelona. Desde su retirada del fútbol de alta competición nunca la Selección Española ni el FC Barcelona han vuelto a ser esos equipos que pasaban por encima del contrario.

 

A la marcha del “maestro” Xavi Hernández hay que unir la de otro jugador capaz de poner en el campo el hecho diferencial entre lo corriente y vulgar y lo extraordinario, se llama David Villa.

 

Habiendo dejado claro esto, que me parece fundamental ya que hablamos de una Selección Española completamente diferente desde la “jubilación” del de Tarrasa, veamos lo hechos ocurridos en Rusia 2018.

 

Florentino, haciendo gala de su habitual falta de educación e intentando “reventar” una RFEF que le ha plantado cara y con la que tiene una más que mala relación, decide fichar a Julen Lopetegui y hacerlo público dos días antes del comienzo del mundial habiendo ocultado los contactos con el seleccionador a la Federación.

 

Lopeteguí, hombre de la “casa blanca”, no se lo piensa dos veces y acepta la propuesta del Real Madrid pocos días después de haber firmado un contrato como seleccionador hasta el año 2022.

 

Luis Rubiales piensa que la traición merece el cese inmediato y decide, a mi juicio acertadamente, prescindir de los servicios de una persona que él entiende no quiere ocupar el sitio que ocupa.

 

Fernando Hierro se ve obligado a coger una selección impotente, lo vimos en directo en el Estadio de la Cerámica, que ya venía, a pesar de no perder, dando claros síntomas de caducidad.

 

Decide que juegue De Gea, al que también vimos “cantar” en La Cerámica, cuando todos los técnicos, no yo, opinaban que el mejor portero del momento era Kepa.

 

Se empeñó en recuperar a Carvajal, que está más para unos días de playa que para jugar, tras el buen partido y el golazo de Nacho.

 

Nuestra pareja de centrales son ya de museo, llegan tarde a todos los sitios y además, el andaluz, suple su “vejez” dando patadas a todo lo que se mueve menos al balón.

 

No fue capaz de refrescar a Jordi Alba, cargado de partidos, dándole minutos de descanso.

 

Sergio Busquets sigue siendo un referente defensivo pero ya no tiene, como tenía a Xavi, a quien dar los balones que roba y él no es un jugador capaz de montar el ataque de “la roja”.

 

Silva, tras una complicada temporada para él en lo personal y en lo deportivo, llegó fundido y falto de motivación a Rusia privando a España de su imaginación ofensiva y su tiralíneas en los pases verticales.

 

Thiago Alcántara sigue sin “explotar”, sin dar lo que de él se esperaba, dejando el centro del campo español a la improvisación.

 

Koke es un buen jugador, pero un “legionario” del fútbol, incapaz, por falta de técnica y clase, de echarse el equipo a la espalda.

 

No es capaz, el “mister”, de poner a Kepa, se supone que por su juventud, y saca a Marco Asensio que estuvo, en todo momento “como un choto en un garaje”, más aún cuando Hierro se empeñó en que jugara pegado a banda.

 

Los contrarios no dejan huecos, el “plan B” pudiera ser el disparo a puerta desde la media distancia pero Saúl Ñíguet está en el banquillo

 

Iniesta, no voy a descubrir quién es, mejor dicho, quien era. Le falta gasolina y le sobra “tiki taka”. Una leyenda pero al que no podemos darle la misión, hasta su posición en el campo es completamente diferente, que hacía Xavi Hernández.

 

Y llegamos a la delantera. No hay nada que reprochar a Diego Costa, se ha dejado el alma en cada partido pero sorprende que los delanteros más en forma del tramo final de nuestra liga, Iago Aspas y Rodrigo Moreno, vean, los dos, el partido desde el banquillo.

 

El resultado final, no podía ser otro, es el aburrimiento, la falta de gol y la eliminación.

 

España necesita una regeneración total de juego, jugadores y  cuerpo técnico para dejar de vivir de recuerdos irrepetibles.

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