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Jueves, 4 octubre 2018

“Purgas” hosteleras

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La persecución a que somete nuestro ayuntamiento a los pequeños empresarios de hostelería empieza a tener síntomas de fijación

Hace ya años que en este mismo espacio les decía que se había puesto en marcha una auténtica confabulación para mandarnos a nuestra casa o al hotel “sin sueño y con sed”.

 

Mientras a nuestros “politiquillos” se les llena la boca hablando de turismo se dedican a espantar turistas con recortes de libertades y horarios más propios de un régimen fascista que de un ayuntamiento supuestamente democrático.

 

Las “purgas”, un término casi exclusivamente político usado para definir como utilizando malas artes se apartaba de la vida pública a aquellos que estorbaban al sistema, han llegado a la hostelería castellonense, no solo en la capital, también en localidades turísticas que han arruinado para imponer absurdas voluntades de unos pocos con demasiado poder.

 

Tras perseguir “las tascas”, recortar horarios, obligar a recoger terrazas al cierre, imponer tasas abusivas  y hacer clarísimas discriminaciones dependiendo de la situación de los negocios, ahora le toca el turno a La Muralla y a Tetuán.

 

Supongo que, tras las quejas de algún apellido ilustre a algún amiguito cercano al poder, ahora pretenden reducir el horario y el número de mesas de las dos zonas señaladas.

 

Luego, incomprensiblemente, ponen el grito en el cielo cuando un castellonense, conocedor de los problemas, utiliza unas caricaturas humorísticas en una revista nacional de humor  para dejar al descubierto las vergüenzas del funcionamiento habitual de nuestra ciudad.

 

El siguiente paso será crear guetos, como ya hizo Jesús Gil en San Pedro de Alcántara para concentrar a los noctámbulos habituales que llenaban por las noches el puerto de Marbella y estorbaban a la “jet set”. Quién sabe, igual aprovechan la iniciativa  “Repoblem” para ofrecer a la Diputación voluntarios para ir de “cervecitas” a pueblos poco poblados o en riesgo de despoblación total.

 

No les preocupa la repercusión que estas medidas están teniendo en el empleo y mucho menos se preocupan de “compatibilizar y buscar el equilibrio entre la actividad económica de los negocios y el descanso de los vecinos pues según parece su proyecto es subir impuestos y bajar persianas” Estas últimas palabras, en negrita y cursiva,  no son mías, son de ayer por la mañana y pronunciadas por el concejal de nuestro ayuntamiento, Manuel Paduraru.

 

Si lo que se pretende es “cargarse” el turismo y retirar a los ciudadanos de las calles habrá que buscar alternativas para mantener la economía de la ciudad y ayudar a los hosteleros a reconvertir sus negocios en casas de ejercicios espirituales, balnearios y clínicas especializadas en combatir el estrés.

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