Bajo otro prisma

Las vacaciones de la Semana Santa y la celebración de Pascua tienen mucha importancia para los españoles, ya que son un motivo fundamental para reunir a toda la familia aunque vivan lejos unos de otros en distintos puntos por toda España.

Las últimas restricciones limitan no solo la movilidad dentro del territorio nacional, sino que dejan a la gente sin ninguna posibilidad de reunirse con sus familias. Cabe destacar que las limitaciones de movilidad entre las comunidades autónomas se pusieron en marcha en diciembre del año pasado y siguen estando en vigor hasta al menos el próximo 9 de mayo. Según el Gobierno, se hace con el fin de evitar la expansión de contagios de la COVID. También en la Comunidad Valenciana se mantiene el horario de cierre para hostelería a las 18:00 horas, aunque el resto de comunidades dejaron a la restauración ampliar su horario hasta las 22:00. Algo contradictorio si tenemos en cuenta que la Comunidad Valenciana tiene el porcentaje más bajo de contagios de España

Al mismo tiempo, España ha empezado a recibir turistas de otros países de la Unión Europea, creando cierto malestar entre la población, no por reanudar el turismo en España, claro que no, sino por limitar  a los ciudadanos españoles ver a sus familias residentes  en otras comunidades y a la vez recortar excesivamente la actividad de sus negocios por las precauciones. Al mismo tiempo no se aplican las mismas restricciones a la gente que viene de fuera que tiene toda libertad para moverse por el territorio español sin justificar el motivo, como lo están obligados a hacer los ciudadanos del propio país.

Estamos ante una desigualdad que está rozando los bordes de la libertad vigente en la Unión Europea, que impide cualquier tipo de discriminación. En este caso, los sujetos discriminados son los ciudadanos de España, a quién limitan la movilidad, vida social y funcionamiento de sus comercios, de los que se mantienen gran parte de las economías familiares.

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