Carta del Obispo de Segorbe-Castellón, D. Casimiro López Llorente, dedicada a esta Semana Santa tan especial.

Semana Santa de dolor y esperanza

Con corazón dolorido y apenado por la pandemia del coronavirus comenzamos  la Semana Santa. Este año, su celebración va a ser muy especial por la situación que sufrimos de tanto dolor y sufrimiento, de oscuridad e incertidumbre, y por el necesario confinamiento en nuestras casas. Llevamos días de silencio y de soledad, de desierto y de auténtica penitencia.

Esta pandemia ha puesto ante nuestros ojos la verdad de nuestra condición humana, que, en nuestra autosuficiencia e individualismo, tantas veces olvidamos. Somos frágiles, débiles y mortales; no somos dueños de nuestras vidas ni todo está en nuestras manos. La ciencia y la técnica, pese a sus avances tan beneficiosos, tienen sus límites. Los seres humanos no somos individuos aislados, sino que dependemos los unos de los otros: somos seres sociales, llamados a la convivencia y a la responsabilidad recíproca, Estamos necesitados de la solidaridad y de la caridad de los hermanos; estamos necesitados, sí, de Dios, de su misericordia y de su amor.

¡Ojalá que en el silencio de estos días escuchemos la voz del Señor! Dios nos llama siempre, y más si cabe en esta situación, a volver nuestra mirada a Él y a los hermanos. Confiemos en Dios. Dios está de nuestro lado; se ha hecho Enmanuel, Dios-con-nosotros, para siempre en su Hijo, Jesús, y se ha quedado para siempre con nosotros. Jesús sigue sanando y curando a los enfermos, mostrando el amor salvador y misericordioso de Dios, su Padre. Jesús se identifica con los enfermos (cf. Mt 25, 34-40). Cristo está con nosotros y nos dice: “¿Por qué tenéis miedo?” (4, 40).

Centremos nuestra mirada en los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Cristo Jesús sigue padeciendo con nosotros y por nosotros. Cristo se entrega por un amor totalmente gratuito por nosotros a la muerte en cruz, para redimirnos de nuestros pecados, de nuestros miedos y sufrimientos y de nuestras soberbias y soledades. Cristo resucita para que en Él tengamos Vida en abundancia, esperanza en la enfermedad y en la muerte, y para seamos testigos de su amor entregado hasta el final amando a los necesitados de su amor. Confinados en nuestras casas tenemos la oportunidad para ir a lo esencial: Dios, su Hijo Jesucristo, su amor, para amar con su mismo amor a todos. Jesús es nuestra Esperanza. Reavivemos nuestra fe y confianza en Dios y esperemos de Él la redención y la sanación. Vivamos estos días muy unidos a la Virgen María nuestra Madre: ellas la Virgen de los Dolores y de la Esperanza.

XCasimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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