De tal palo, tal astilla (y VI)

Luis Andrés Cisneros

Y llegamos, de momento, al final de la historia de la saga de los Borbones con el actual monarca, Felipe VI. Vino al mundo el 30 de enero de 1968, en la Clínica de Nuestra Señora de Loreto, que cerró sus puertas en marzo de 1999, tras declararse en quiebra.

La primera aparición pública, con carácter oficial, se produjo en el mes de noviembre del año 1975 con motivo de la proclamación como Rey de España de su padre, Juan Carlos I. En dicho acto estuvo acompañado por sus dos hermanas, las infantas Elena y Cristina, así como por su madre la Reina Sofía de Grecia.

Dos años después recibió los títulos de Príncipe de Asturias, Príncipe de Gerona y Príncipe de Viana. Estudió EGB y BUP en colegios de Madrid. Al acabarlos se marchó a Toronto donde cursó COU para regresar a España al año siguiente.

Posteriormente, en los tres siguientes años cursó estudios militares en la Academia de Infantería, la de Marina y la del Aire. En sólo tres años adquirió los conocimientos esenciales de las tres Armas, pero según dicen las crónicas, tuvo el mismo trato que el resto de los compañeros de promoción.

Complementó su formación desde 1988 a 1995, con estudios en la Universidad Autónoma de Madrid en Derecho, Ciencias Económicas, Informática e Historia. Finalizó con un Máster de Relaciones Internacionales en la Universidad de Georgetown en USA.

Entre medias, y aprovechando la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona, fue abanderado de nuestra representación. No cabe ninguna duda de que ese honor le correspondió por ser quién era y no por sus méritos deportivos.

Con su matrimonio el 22 de mayo de 2004, con la huraña periodista Leticia Ortiz, se rompió la tradición de bodas reales en España y, al igual que pasa en las monarquías europeas, esta circunstancia ha hecho perder brillo a los nuevos «okupas» y los dimes y diretes han pasado a ser una comidilla más de la prensa del cotilleo.

Pero entremos de pleno en lo que nos preocupa de los hechos relevantes de Felipe VI desde que alcanzó la Jefatura del Estado, a raíz de la abdicación del anterior monarca el día 19 de junio de 2014, hasta nuestros días.

Haremos simplemente una serie de preguntas sobre todo lo que el monarca ha ido haciendo, con mayor o menor profusión, desde su ascenso a la más ¿alta? Magistratura del Estado.

Entendiendo que su papel es meramente decorativo y que su opinión es papel mojado ante los partidos políticos del gobierno, no es menos cierto que, debido a lo que, en teoría él representa, los españoles se están sintiendo abandonados por él, al igual que por los politicastros que nos tiranizan.

Vamos a repasar alguno de los «actos de valentía» del monarca:

¿Han oído su opinión sobre los desmanes de los «okupas» y el problema que representan para los españoles honrados? No es su problema, su casa no tendrá nunca un problema de ocupación.

¿Se ha manifestado ante los abusos sexuales a niños tutelados en distintas partes de nuestra geografía? Ni palabra, Mónica Oltra o Armengol no se apropiarán de sus hijas,

¿Alguna voz discordante con la subida de los precios de la energía? Ni por asomo. Todos los gastos los cubre usted con sus impuestos.

¿Ha mostrado preocupación por las cada vez más dramáticas colas del hambre? Al no verse afectado por este problema es probable que no sepa ni que existe.

¿La invasión desbocada de nuestras islas y costas por los africanos ilegales le quita el sueño? No, ya que él está perfectamente protegido.

¿El aumento de la inseguridad en las calles y los crímenes, asesinatos y violaciones le hace saltar las lágrimas? No, igual entre sus obligaciones no está la de llorar.

¿La persecución de españoles, y su lapidación efectiva por querer estudiar o incluso hablar en español, le cabrea? A su familia no le afecta ya que lo que dice no tiene ni que pensarlo, se lo escriben.

¿El robo a que nos está sometiendo el Estado con los impuestos le preocupa? No ya que de la subida de los impuestos dependen sus pecunios anuales.

¿Qué los políticos sigan subiéndose el sueldo en estos momentos dramáticos le incomoda? No, sus habichuelas están garantizadas.

¿Qué opinión tiene sobre el doloso espectáculo que se produce día sí y día también en el Parlamento? Mientras pueda seguir enviando a sus hijas a estudiar fuera, no le afecta.

¿Qué se mancille la historia de España y se tergiverse le quita el sueño? No y para que no se le olvide, él está sentado en La Zarzuela gracias al General Franco y al pueblo español que votó en referéndum la ascensión de su padre al poder.

¿Se encuentra a gusto con el satanismo? Parece ser que sí, no en vano dieron el Premio Princesa de Asturias a una artista satánica.

¿Se encuentra cómo rodeado de políticos que quieren acabar con lo que él representa? Aparentemente sí, ya que sigue a pie juntillas sus órdenes.

¿Apoya las autonomías que están acabando con España? Por supuesto, es un requisito para poder seguir en el pedestal.

¿Salta de alegría cada vez que sus amigos del gobierno amenazan con destrozar España y/o la Monarquía? Si no lo hace, por lo menos lo disimula.

¿Ha abierto la boca para arremeter contra todos y cada una de las decisiones ilegales adoptadas durante esta «Plandemia»? Ni por error.

Y así podríamos estar varias hojas más, pregunta tras pregunta, hasta comprobar que sus actitudes hacia los españoles no dejan de ser más que un síntoma más del ADN Borbón.

Mientras tanto, SAR, seguirá firmando todos y cada uno de los papeles que le sometan a su sanción y leyendo, cual locutor de telediario, todos y cada uno de los discursos que sus jefes de La Moncloa le pongan delante de sus ojos. Sólo tenemos que ver el mensaje ¿Navideño? de este pasado diciembre

«Todo iba de maravilla, la economía estaba mejor que nunca y la única preocupación es el cambio climático». Por mucho menos se fue de España Alfonso XIII.

Como dice ese refrán español «Ande yo caliente, ríase la gente».

Y, cómo signo inequívoco familiar, ni el más mínimo comentario sobre su padre. No deja de ser un rasgo genético de su familia. Quizás, de aquí unos años, se verá despreciado por su familia. No debería sorprenderse, es un ritual familiar.

          Y hoy más que nunca, acabemos con las autonomías antes de que ellas acaben con nosotros.

Luis Andrés Cisneros