Desigualdad, diferencia y radical

Cuando el feminismo es utilizado por la izquierda para imponer su ideología de género cae en el ridículo de la contradicción. Ayer tuvimos que ver a manifestantes musulmanas pidiendo igualdad en España y otros países europeos mientras alguien, con mucho humor, publicaba un anuncio en facebook con este texto:”Se buscan feministas para manifestaciones en Irán, Qatar, Yemen,  Arabia Saudí y Emiratos Árabes”

Se denunciaba ayer, según reza en el manifiesto oficial del 8-M, “la intolerable opresión, violencia y discriminación que padecen en España las mujeres por culpa de la sociedad heteropatriarcal y la economía capitalista que tanto las reprime”.

¿Qué tendrá que ver el culo con las témporas?

 ¿Qué tiene que ver el tocino con la velocidad?

¿Qué tienen que ver las bragas con la alcabala de las habas?

¿Qué tienen que ver las lechugas con las falsas riendas?

¿Qué tienen que ver los cojones para comer trigo?

Convocan una huelga y manifestaciones, teledirigidas por la izquierda,  para reclamar derechos que ya existen desde la aprobación de nuestra Constitución con su Art.-14 incluido.

Se conculca nuestra libertad, al menos la del destino de nuestro dinero, al utilizar fondos públicos del Gobierno, de los sindicatos y de la multitud de asociaciones subvencionadas para organizar una huelga. ¡El Estado financiando una huelga! ¿Contra sí mismo? No. Su objetivo es la captación del voto del sector feminista radical al que han “vendido la moto” de confundir, porque les interesa electoralmente, desigualdad con diferencia. Claro que hombres y mujeres somos diferentes, hasta ahí podríamos llegar, pero diferentes no significa, como necesariamente quiere hacer creer la izquierda, desiguales.

Fíjense si somos diferentes que en el número de muertes en accidente laboral de los hombres multiplica por 15 al de mujeres. Ningún hombre se siente discriminado por esto, cada uno es libre de elegir su trabajo y el riesgo que el mismo conlleva.

Leía esta mañana esta reflexión de una señorita a la que conozco y tengo como persona preparada y sensata:

“NO a un feminismo que signifique odio al hombre. A nuestros padres, maridos, hijos, primos, sobrinos, compañeros, amigos y nietos. NO al radicalismo de las que se sienten superiores, no en mi nombre. SÍ al feminismo que luche porque la mujer sea libre para decidir sobre su cuerpo. Que el embarazo no sea una barrera en su vida profesional. Por la igualdad de salarios. Por un mayor presupuesto para la lucha contra la violencia de género. Y sobre todo, por que dejemos de tener miedo al volver a casa”

Sencillo, maduro, real y sensato, casi todo el resto de la “cruzada” feminista es mentira políticamente teledirigida.

Ah! Ayer se “mosquearon” muchas féminas por que se utilizó en un artículo de este periódico la palabra “radical”.

El Diccionario de nuestra Real Academia define radical como:”Partidario de reformas extremas”. “Extremoso, tajante, intransigente.”

La palabra “radical” viene como anillo al dedo a aquellas que impidieron a Pablo Casado ejercer su libertad de expresión.

Aquellos políticos que promovieron las manifestaciones de ayer, para dar libertad de expresión a las feministas más radicales, son los mismos que no denuncian lo ocurrido en el parque del Auditorio de Castellón, los mismos que prohíben a VOX celebrar actos en Vigo y Barcelona con argumentos mentirosos y kafkianos.

Esta es la libertad de expresión de la izquierda, solo la de ellos.

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