El golf del obrero y la ignorancia progre

Vaya por delante que soy un pésimo jugador de golf. Mi swing de izquierdas dista mucho de lo mínimo admisible para salir al campo pero, gracias a este deporte y su industria, he aprendido varias cosas. Como obrero del golf y periodista del sector turístico, soy plenamente consciente de la importancia económica derivada de estas actividades. Conozco el golf como deporte de élite, actividad de ocio y negocio. Sin entrar en profundidad en la prosperidad adyacente al golf (promociones urbanísticas, beneficios medioambientales, negocios auxiliares, puestos de trabajo generados…), estamos ante un deporte que fomenta el sacrificio, la solidaridad y el trabajo en equipo. En mis casi 20 años de profesión me he topado con todo tipo de personas en clubes de golf de toda clase, tanto en España como en el extranjero… y siempre ha imperado, como mínimo, un respeto absoluto. Por eso, al hilo de las desafortunadas declaraciones de Gabriel Rufián sobre los pijos y el golf, voy a intentar arrojar algo de luz sobre el tema.

El golf no es de pijos, ni de vagos. La verborrea oportunista de irreverentes políticos no debe empañar todo lo que significa este deporte. Muchas veces, su ingenio enmascara su profunda ignorancia y se aventuran a opinar de cosas de las que no tienen ni la más remota idea. Viven de la provocación y no saben calibrar el alcance de sus patochadas.

El golf es uno de los deportes más difíciles. Cualquier persona que tenga un mínimo de conocimiento podrá asegurar que nunca se aprende a jugar bien del todo. Afán de superación, constancia, trabajo, esfuerzo y control total de cuerpo y mente son solo parte de los requisitos mínimos para empezar a sentirse golfista. Me gustaría que todos los políticos aprendieran algo de esto y lo aplicaran en su día a día. Me consta que algunos ya lo hacen.

“Es curioso… cuanto más entreno, más suerte tengo”. Esta frase de Gary Player que se saben de memoria todos los golfistas y aficionados, resume a la perfección el espíritu de superación que engloba este deporte. Así que, si siguen pensando que golf es un deporte de pijos, que vivan los pijos… y el padre de Pablo Echenique, socio de La Peñaza (Zaragoza) y hándicap 24,9.

Por desgracia, el afán de notoriedad en todo esto no es patrimonio exclusivo de rufianes y ‘echeniques’. Alberto Garzón también quiere su cuota de protagonismo y a base de necedades la ha conseguido. Atacando a la industria turística del país, ha demostrado que el cargo de Ministro de Consumo le queda grande. Me da pena que una cartera ministerial tan importante esté en manos de este comunista que lo primero que hizo tras el batacazo electoral del 20 de diciembre de 2015 fue ir al FNAC de Callao a comprarse la PlayStation 4. Esto último no me lo ha contado nadie, lo vi yo con mis propios ojos.

La gravedad de sus desafortunadas apreciaciones, en las que califica al Turismo de “estacional, precario y de bajo valor añadido”, ha propiciado que la Mesa del Turismo pida su dimisión. No sé si cuando espetó su sarta de ocurrencias era consciente de que se trata de un sector que lidera el ranking mundial de competitividad según el Foro Económico Mundial. Me consuela pensar que vive en la más profunda ignorancia, de lo contrario, el asunto sería demasiado maquiavélico.

Ahora que es tan importante mantener la distancia, llama la atención la cercanía de las declaraciones de Garzón y Rufián. El golf y el turismo van tan de la mano como las burradas que en un reducido lapso de tiempo han soltado estos dos dirigentes, por llamarlos de alguna manera.

Según el Centro de Predicciones Económicas, solo en la Comunidad de Madrid, el turismo de golf genera alrededor de 20 millones de euros al año y da trabajo a 1.800 personas. El mismo estudio destaca que el turista de golf gasta un 55% más que el visitante medio y que este deporte tiene un impacto total de 235 millones de euros anuales solo en Madrid (Fuente: Hosteltur, 6 de marzo de 2019).

Pero esto no es nuevo, en 2005, con el socialista José Luis Rodríguez Zapatero como Presidente del Gobierno, la Administración Turística del Estado, a través del Instituto de Turismo de España (Turespaña), publicó varios datos esclarecedores sobre el tema: En Europa, el turismo de golf representa más de 1,6 millones de viajes anuales de los que casi un 60% son internacionales. En este atractivo mercado europeo, España goza de una clara y destacada posición de liderazgo con una cuota de mercado cercana al 35% y un volumen de un negocio de casi mil millones de euros muy por delante de Portugal que ocupa el segundo lugar.

La Agencia Catalana de Turismo lanzará en junio una campaña turística dirigida al mercado español. No sé qué opinarán los pijos del barrio de Salamanca, pero me da que las declaraciones de Rufián no destilan toda la hospitalidad necesaria para incentivar reservas en Cataluña ni en los más de 50 clubes de golf que se reparten entre Barcelona, Gerona, Lérida y Tarragona.

Alberto Gozalo Pérez

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