El Silencio: Un Remanso en una Sociedad Sobrestimulada

El Silencio: Un Remanso en una Sociedad Sobrestimulada

En una era dominada por el ruido, el silencio se presenta como un recurso valioso para encontrar equilibrio, claridad mental y conexión con uno mismo.

 

Nos acercamos a las fiestas Navideñas y últimamente vivimos en entornos donde el ruido se ha erigido como un intruso no deseado en nuestra cotidianidad, y en algunos casos el silencio emerge como un oasis de calma y serenidad.

En un mundo repleto de estímulos, con una manifiesta adicción a los teléfonos móviles y los habituales bombardeos de las redes sociales (WhatsApp, Instagram, Facebook, TikTok), la televisión y la agitada vida social; la relevancia del silencio y la calidad de vida es cada vez más notable. Esta constante exposición a dispositivos digitales y la avalancha de información puede impactar nuestra psicología y funcionamiento cerebral.

El constante flujo de información digital puede sobrecargar nuestros sentidos, dificultando la capacidad de nuestro cerebro para procesar y filtrar lo relevante, lo que a menudo resulta una sensación de agotamiento mental y que a veces afecta al físico. La multitarea digital fragmenta nuestra atención, dificultando la concentración prolongada al saltar rápidamente entre quehaceres, disminuyendo así nuestra habilidad para mantenernos enfocados, tema que abordaremos en próximos artículos.

La abundancia de información en el mundo digital puede influir en nuestra memoria, llevándonos a depender más de fuentes externas como el móvil o Google y disminuyendo nuestra capacidad para retener información a largo plazo.

El frontispicio de nuestra sociedad occidental insatisfecha, que ha traspasado los límites planetarios y por ello debemos plantearnos la sostenibilidad bien entendida, nos enfrenta a la urgente necesidad de establecer límites a la voracidad y descontento individual. Este panorama se refleja en el preocupante aumento del consumo de antidepresivos, que en España creció un 250% en las últimas dos décadas y se consumen a diario 98 dosis de antidepresivos por cada 1.000 personas, según datos de la OCDE. En otro artículo abordaremos el escandaloso número de suicidios diarios y consumo de antidepresivos o ansiolíticos, lo cual revela un desequilibrio alarmante en nuestro tejido social.

El afán de satisfacción en nuestra sociedad de consumo provoca un ansia desmedida por acumular bienes materiales que ha desbordado los límites de la mesura y el equilibrio. Esta búsqueda implacable de más, sin tener en cuenta el impacto en nosotros mismos y en nuestro entorno, ha desencadenado consecuencias devastadoras en la salud mental y emocional de la sociedad y, por ende, del planeta.

En este contexto, la calidad de vida anhelada no radica tanto en la acumulación de riquezas, sino en una vida pausada, en tiempos de calidad , especialmente, en el silencio.

Este, más que la ausencia total de sonido, representa una pausa reflexiva en la comunicación humana pues no implica falta de comunicación; por el contrario, facilita una introspección que aclara nuestras emociones, pensamientos y posteriores acciones.

Adam Ford destaca que el placer del silencio es una de las experiencias más democráticas: está al alcance de todos, independientemente de edad, estatus social, creencias religiosas o convicciones. Referentes del silencio, como los maestros Zen, monjes budistas y activistas por la paz, han demostrado su poder transformador mediante prácticas como el mindfulness y la meditación. Estas técnicas, basadas en el autoconocimiento y el control mental, ofrecen la posibilidad de disfrutar de momentos de inactividad y calma para afrontar los desafíos diarios con mayor consciencia. El escritor Pablo D’Ors propone la meditación como una herramienta para reconectar con el silencio, pues en ninguna parte pueden hallar las personas un retiro tan imperturbable y tranquilo como en la intimidad de su alma en silencio.

En una era dominada por el ruido, el silencio se presenta como un recurso valioso para encontrar equilibrio, claridad mental y conexión con uno mismo. Es un espacio de introspección y calma donde podemos descubrir nuestra esencia más íntima porque nuestra mayor libertad humana es que, a pesar de nuestra situación física/circunstancial en la vida,

¡Siempre estamos libres de escoger nuestros pensamientos!

Como bien detalló el psiquiatra Victor Frankl en su obra El hombre en busca de sentido.

Dicho de otra manera años atrás por el emperador y filósofo Marco Aurelio, uno de los principales representantes del estoicismo,

Está en tu poder retirarte en ti mismo cada vez que lo desees. La tranquilidad perfecta consiste en el orden de la mente, el reino que te pertenece.

Y actualmente, ya que vivimos inmersos en un constante ajetreo, saltando de una actividad a otra sin pausa, en esta vorágine que nos dificulta detenernos y realmente conectar con el silencio, el deporte consciente o un momentos en la naturaleza nos brindan la oportunidad de experimentar un silencio reparador y revitalizante. En esta misma línea la psiquiatra Marian Rojas Estapé afirma,

Guardar silencio genera nuevas neuronas y mejora el aprendizaje y la memoria.

Contar con momentos de silencio nos brinda también la oportunidad de reflexionar sobre la sociedad del bienestar. Es importante vivir en una sociedad más justa y tener cubiertas las necesidades básicas bien descritas en la pirámide de Maslow. Todos estos razonamientos evidencian que la felicidad no radica tanto en la acumulación de bienes materiales, sino en el disfrute de disponer de tiempo para estar con los seres queridos y silencio para cultivar las virtudes humanas.

Enjoy the silence🧘‍♀️🌳

Dionís Montesinos, bombero helitransportado de la Generalitat Valenciana y estudiante de psicología.