El terror invisible

Dentro del género cinematográfico, las películas de miedo o terror han sido una constante a lo largo de la historia. Pero tendríamos que hacer dos distinciones: entre las de miedo o las de miedo psicológico.

Entre las primeras podríamos poner como ejemplo a «Psicosis» o «Los pájaros» ambas del genial Alfred Hitchcock. En ambas se puede visionar el causante del terror, en la primera con el personaje de Norman Bates (Anthony Perkins) y en la segunda con las aves (cuervos y gaviotas).

Mientras que en «La semilla del diablo» o «La Niebla» los causantes de los ataques son indefinidos lo que hace que ninguno pueda defenderse ante ellos, al contrario de lo que ocurría con el personaje de «Psicosis», o con las aves de «Los pájaros», donde los protagonistas podían protegerse, huir, esconderse, es decir tenían posibilidades de defensa, ya que se visionaba al atacante.

Pero, en la actualidad, con la aparición en escena del virus chino, el miedo psicológico se ha instalado en las mentes de la sociedad española y mundial. Pero no ha sido nada casual, es un plan perfectamente orquestado por los oligarcas del Nuevo Orden Mundial, encaminado a lograr los objetivos que se han marcado a corto plazo.

Se han basado en las normas del terror psicológico, entre las que figura tener un causante de los males invisible al ojo humano, lo que hace casi imposible defenderse ante él. Sólo con las indicaciones de los gobiernos globalistas se puede sobrevivir.

Es muy curioso que norma tras norma, indicación tras indicación, a pesar de haber mentido en cuatro de cada tres palabras que dicen, la gente sigue atenazada por el miedo a un virus desconocido hasta para los científicos; la gente, cuales niños siguiendo al «Flautista de Hamelin», lo cumplen a rajatabla.

A fecha de hoy, se desconoce el origen del virus, no se sabe si ha sido creado en Wuhan, si ha sido transmitido por murciélagos, animales, peces o por Iván Redondo o Irene Montero. Se desconoce si es una contaminación natural o artificial. Es igual, ni la cifra de los fallecidos supuestamente por esta «plandemia», ni las medidas adoptadas han servido para nada.

Han sido tantos y tan variados los dimes y diretes que se han vertido desde los responsables sanitarios que pierde toda credibilidad aquella norma u orden emanada desde las autoridades sanitarias, aunque más bien este tema lo manejan las autoridades políticas.

Su primera providencia fue el confinamiento, es decir, la privación de libertad de la población española y su encierro en los domicilios, seguido de la privación más elemental del derecho a trabajar, lo que condujo a un empobrecimiento severo de las familias, menos aquellos que pertenecen al estamento político, que no dejaron de percibir ni uno solo de los chollos que cobran.

La persecución al turismo, a la hostelería y la restauración fue sangrante. Curiosamente cerraron todos los bares, menos aquellos situados dentro del Congreso, Senado o Parlamentos autonómicos ¿Se les puede llamar sinvergüenzas?

Y su medida estrella, la obligatoriedad del uso del bozal, sin que hayan demostrado ni con un estudio clínico la utilidad práctica de esta medida y escondiendo todos los inconvenientes que el uso del bozal conlleva (reinhalación de productos de desecho, hiperventilación, hipoxia en sangre, acidosis) sin contar la cantidad de aquellos problemas en el ámbito cognitivo.

«A ello cabría añadir las patologías respiratorias por el uso de los bozales, así como las que se están produciendo a nivel bucal y dental, como el aumento del sarro. Sin olvidar los aspectos sicológicos en el ámbito afectivo y social. Recordemos la cantidad de gente que no pudo despedir a sus familiares muertos, salvo que el fallecido fuera un destacado miembro del PCE (Julio Anguita).

Sin entrar a valorar todo lo que los políticos han ganado por la compra de material para «combatir la plandemia», desde mascarillas a vacunas, respiradores y cualquier material susceptible de generar pingües beneficios a políticos sin escrúpulos (sobre todo de los miembros de la coalición de gobierno).

Sorprendentemente, patologías como la gripe común han sido erradicadas del panorama sanitario español. Cuando hace muy poco tiempo, los enfermos de gripe colapsaban los hospitales españoles, en este invierno sólo se han notificado cuatro casos en toda España. Cabe suponer que los virus han sido diagnosticados como Covid.

Sí este dato se lo comentas a cualquiera, enseguida te dicen «eso ha sido gracias a las mascarillas». Ante esta respuesta uno se plantea lo siguiente «si la solución era tan sencilla, ¿qué han hecho los expertos todos estos años teniendo una solución tan sencilla y barata?

Pero, sin duda el negocio redondo es el de las mal llamadas vacunas. Los contratos multimillonarios de que se ha beneficiado una parte importante de la industria farmacéutica no tienen parangón en la historia de la medicina mundial.

Pero claro, no sólo los propietarios de los laboratorios farmacéuticos. También aquellos políticos corruptos que han metido mano en el negocio de las vacunas. No les quepa duda de que más de uno habrá visto sus emolumentos crecer en varios dígitos, teniendo en cuenta, además, que han eximido a dichas empresas de cualquier responsabilidad derivada de los problemas que los vacunas puedan tener.

Asimismo, están ocultando todos los problemas graves, incluyendo los fallecimientos que se producen, pero claro, su fuerza es el miedo a lo desconocido, a lo que no se ve, a la avaricia de los políticos y a los medios de manipulación mediática.

Todo esto está sirviendo para que el objetivo del social comunismo que nos invade y del Nuevo Orden Mundial, tenga a la sociedad occidental atenazada por el miedo.

Inyectarse las supuestas vacunas, no da garantía de inmunidad, pero querido lector, yo le dejo a su libre albedrío su uso o no. Prepárese, no serán las dos dosis de ahora habrá más, muchas más y prolongadas en el tiempo.

Mi consejo: párese a reflexionar y tome las decisiones que le dicte su raciocinio. No se deje dominar por el terror  psicológico

¡¡VIVA ESPAÑA!!

Luís Andrés Cisneros

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