En contra de corriente

Es muy español avanzar en contra de corriente sin darnos cuenta de que cada paso al frente que damos retrocedemos al menos uno y medio.

Cuando Europa lleva ya años desmarcándose de las políticas socialdemócratas, huyendo como de la peste de los planteamientos socialistas y dando entrada, cada vez con más fuerza, a planteamientos de la derecha y a sus partidos, nosotros inundamos España de socialismo al más puro estilo marxista, socialismo trasnochado y anacrónico.

No puedes ayudar a los pobres destruyendo a los ricos, es el capital, el empresario quien, arriesgando su dinero, crea riqueza y empleo, no los políticos ni sus planes. Si no ayudas, al menos deja en paz a aquellos que pueden conservar nuestro nivel de vida y tu puesto.

Es absurdo,  no se puede levantar al asalariado destruyendo a quien lo contrata.

No puedes fortalecer al débil debilitando al fuerte, tiras piedras contra tu propio tejado si pretendes la igualdad reduciendo capacidad de maniobra a aquellos que se lo han ganado a pulso para dar oportunidades gratuitas a los que nunca han movido un dedo.

Se ha conseguido, en el colmo del despropósito, gravar a la “hormiguita” española a la que tanto debemos, no se puede lograr la prosperidad desalentando el ahorro.

Seguimos estancados en una muy mal interpretada lucha de clases sin darnos cuenta de que no se puede promover la fraternidad del hombre incitando el odio de clases, creando diferencias, siendo sectarios, promoviendo las desigualdades por simplemente el lugar de nacimiento o el manejo del idioma autóctono y estando convencido de que la supremacía moral de la izquierda es cierta. La desigualdad y sectarismo son el cáncer de nuestra época, alentados por aquellos que se han quedado sin argumentos políticos, sin ideología que defender, y se ven obligados a sustentar sus intereses económicos en la división de los ciudadanos creando doctrinas artificiales como la violencia de género, la multiculturalidad, la perspectiva e ideología de género, la memoria histórica y la libertad sexual, mientras se destruye la familia, el respeto, la educación, las historia, la religión, las costumbres y todos aquellos valores que dificultan instaurar el pensamiento único.

No se puede formar el carácter y el valor mediante la eliminación de la iniciativa e independencia de las personas. Los ciudadanos, cuando nos hurtan la libertad, nos quedamos en nada, no somos nadie. Lo políticamente correcto, la memoria histórica y el aleccionamiento en las aulas y en los medios de comunicación son la manera marxista de privarnos de nuestra libertad e instaurar que sea el Estado el que piense por ti, instaurar el pensamiento único. Luego nos quejamos de la falta de formación, y no me refiero a la académica, de nuestros jóvenes.

Y por último, no se puede promover la dependencia económica del Estado, no se puede ayudar a las personas de forma permanente haciendo por ellos lo que ellos pueden y deben hacer por sí mismos, aunque eso suponga perder muchos votos. Seguro que se pierden escaños y concejalías intentando aquello de no dar peces y enseñar a pescar, pero a cambio ganaremos autoestima y decencia.

 Una advertencia para aquellos que en su pensamiento ya me han insultado en todos los idiomas, las frases en cursiva de este artículo no son mías, pertenecen al famoso decálogo de Abraham Lincoln* (Hodgenville, Kentucky, 12 de febrero de 1809 – Washington D. C., 15 de abril de 1865). Espero que no consideren también a este histórico personaje como “dudoso”.

*Un político abiertamente conservador, Rev. Boetcker es quizás mejor recordado por su condición de autor de un folleto titulado Los diez Cannots (No puede) en el que enfatiza la libertad y responsabilidad del individuo sobre sí mismo. Publicado originalmente en 1916, es a menudo erróneamente atribuido a Abraham Lincoln. El error al parecer proviene de un folleto impreso en 1942 por una organización conservadora llamada Committee for Constitutional Government (Comité para el Gobierno Constitucional). El folleto llevaba el título de “Lincoln sobre las limitaciones” y contenía algunas citas auténticas de Lincoln en un lado y los “Diez Cannots” en la otra, con las atribuciones cambiadas. El error de la acreditación de Lincoln por haber sido la fuente de “Los Diez Cannots” se ha repetido muchas veces desde entonces, sobre todo por Ronald Reagan en un discurso que pronunció en la convención republicana de 1992 en Houston donde se lo adjudicó erróneamente a Abraham Lincoln

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