Estado alarmante, Día 51

La máquina de activar prórrogas, averiada y la culpa es del chachachá

El presidente del Gobierno llama al líder de la oposición: “Pablo, soy Pedro. Que necesito que secundes la prórroga del estado de alarma. Por tu país”. “Pedro –le responde Pablo-, que por nuestro país no creemos necesario alargar el confinamiento. Así que no cuentes con nuestros votos”. “Pues te aviso, Pablo –replica el presidente-, seréis responsables del caos sanitario y económico que se nos viene encima”. Así debió de ser, en resumen, la conversación que durante una hora mantuvieron Sánchez y Casado. Hasta el preciso instante que sonó el imaginario click de la desconexión telefónica, la memoria histórica del coronavirus en España se resume en los siguientes datos: en enero había pistas sobre la invasión del Covid-19, información ratificada por el ministro de Ciencia y Tecnología, Pedro Duque. Durante ese mes llegaron despachos a los policías y guardias civiles de Aduanas para que fueran pensando en protegerse de un virus. El 13 de febrero murió en Valencia el primer infectado del bicho. En China habían cerrado Wanhu, una ciudad con 11 millones de habitantes y construido un hospital en apenas diez días. En Italia, empieza el caos en Lombardía. Noticias de contagios y muertes. También en España, donde en la semana previa al 8-M se permiten todo tipo de espectáculos multitudinarios, incluido el mitin de VOX y un partido en el Wanda Metropolitano, para justificar las manifestaciones del Día de la Mujer. El 14 de marzo, con el HdP campando a sus anchas, los hospitales desbordados, las residencias de mayores superadas y los sanitarios sin material para protegerse, el Gobierno decreta el estado de alerta, que a lo largo de casi dos meses, por determinadas medidas que ha adoptado, se asemeja mucho más al estado de excepción. A día de hoy, han fallecido en España, víctimas de la pandemia, por lo menos 25.428 personas, más del 50%, ancianos, muchos de ellos desahuciados en los centros hospitalarios y bastantes pasaron a mejor vida sin salir de su habitación, infectados como estaban y sin recibir la atención; los contagiados han sido bastantes más de los 216.582 que registra el último recuento y solo ahora las cifras de la catástrofe empiezan a remitir. Sí, gracias al confinamiento. Mas, con todo lo que ha sucedido, con el caos que se ha vivido, fundamentalmente en hospitales, responsabilizar a la oposición de lo que está por venir es muy atrevido.

¿Caos? ¿Ruina? Las ministras Nadia Calviño y María Jesús Montero dibujaron la semana pasada el panorama inminente: caída del 9,2% del PIB; el paro, en torno al 20%, y la deuda pública escalará, y esto sí que es una escalada, desde el 95,5% al 115,5%. “Nos quedan meses difíciles y se avecina un enorme periodo de incertidumbre”, ratificó Montero. Responsabilizar a Casado de lo que está por venir es injusto y exagerado.

En todo el mes de abril se matricularon tantos coches como antes del Covid-19 en un día. ¿Qué esperábamos? La sanidad española sufre, hay más de 40.000 sanitarios contagiados y cada día salta a las primeras páginas de los periódicos algún escándalo, o tocomocho, que mezcla al Gobierno con la adquisición irregular de ese material que tanto se hizo querer y que aún está llegando. ¿La economía? Por la descripción de la vicepresidenta tercera y ministra de Transformación Digital y Asuntos Económicos, un asquito. El dato del derrumbe automovilístico forma parte de esa cadena en la que se mezclan eslabones y flagelos en brutal y lacerante confraternización. A todo esto, la máquina de activar prórrogas de confinamiento se ha estropeado y la culpa es del chachachá. Los de ERC preguntan que qué hay de lo suyo –recuperación de transferencias sanitarias- y votarán en contra de la siguiente. Quim Torra se frota las manos. El PNV sopesa seguir los pasos de los republicanos catalanes, en pos de las huellas de Junts per Cat, la CUP y VOX. Bildu y BNG están más cerca del “no” que del “sí”, aunque podrían abstenerse, porque de antemano planteaban una “desescalada” diferente. Pablo Casado se incorpora a la corriente negativista, si bien su grupo podría inclinarse por la abstención de tal forma que el Ejecutivo progresista ganaría el partido. “A partir de esta semana no tiene ningún sentido la prórroga”, argumenta el líder del PP.

El juego de la política es sibilino, por arte de birlibirloque consigue que partidos de ideas contrapuestas ocupen el mismo carril y circulen todos en idéntica dirección. A raíz de esa portentosa confabulación, entra en escena Maquiavelo. La diferencia de criterio entre la negación de los populares, con respecto a los republicanos catalanes, nacionalistas, soberanistas, ultraderechistas y agitadores independentistas es que a excepción de los primeros todos apoyaron la moción de censura contra Rajoy –que se la ganó a pulso por no dimitir, como la multa por caminar cuando no debe- y la investidura de Pedro Sánchez. Son socios y a los colegas no se les deja en la estacada, porque “quien a ser traidor se inclina, tarde volverá en su acuerdo” (Tirso de Molina).

En este patio de Monipodio dominan los intereses, las trampas, los conejos en la chistera, la demagogia barata y los culpables triunfan cargando el mochuelo al más débil o al adversario. ¿Quién pagó los platos rotos por la estancia ilegal de la vicepresidenta de Venezuela en la zona VIP de la T-4? El vigilante de seguridad quien, por referir pormenorizadamente el escándalo ante notario, fue apartado del servicio. Es el sistema. Después de las calabazas de Casado, Sánchez ha desplegado la infantería para montar un espectáculo paralelo. José Luis Ábalos, secretario personal de Delcy Rodríguez y ministro de Transportes, culpa al PP del apocalipsis que se avecina, si no se aprueba esa prórroga que casi nadie desea y que casi todos asumimos como mal menor. Ábalos ha insistido en la soflama, “o estado de alarma o caos. Y nos da igual que el PP se abstenga como que vote no. Sería eludir su responsabilidad”. Una concreción importante, si el PP se abstiene, seguiremos confinados una quincena más; los 120 síes del PSOE, más los 35 de UP son 155, cantidad suficiente para sacar adelante la medida. Pero el ministro dispara contra Casado y pasa de largo por el bofetón que les ha soltado Rufián, uno de sus socios. Esto es lo verdaderamente nauseabundo de la política, que la culpa siempre la tiene el contrario. Y por si no quedaba meridianamente claro quien será el causante del desastre apocalíptico, Echenique remató por la escuadra: “Cuando Pablo Casado amenaza con no apoyar el estado de alarma, está amenazando con provocar un rebrote, el colapso del sistema sanitario y miles de muertos”. Los socios de investidura son inocentes.

Como el circo tiene varias pistas, en la de Madrid también hay títeres. Ángel Gabilondo propone con muy buen juicio a Isabel Díaz Ayuso un pacto político para la recuperación regional una vez se salga del atolladero. Ignacio Aguado, de Ciudadanos, vicepresidente de la Comunidad, recoge el guante del PSOE y espeta a la presidenta que “no se puede gobernar contra la mitad de la población”. Ayuso se enroca y sostiene: “No pacto con el desastre”. Este roce entre socios de gobierno, entre PP y Cs, no hace cariño sino todo lo contrario. Hay diferencias. Y lo peor es que salvo en el Ayuntamiento de la capital, en este país no hay quien firme no ya un acuerdo, ni siquiera un armisticio.

Día 51 de Estado Alarmante. En medio del fuego cruzado, el Estado se prepara para un aluvión de demandas, por eso quieren Juzgados operativos en agosto. Hay denuncias cursadas contra el Gobierno por homicidio imprudente, por desprotección de los trabajadores –los sanitarios llevan tiempo en pie de guerra-, por el estado de alarma, por prevaricación al omitir riesgos, por… Es un tsunami por el que más de uno ve entre rejas a quienes se han encontrado de sopetón con esta crisis indeseable. Y no ha sido por su voluntad. No se puede culpar al Gobierno de todos los males de este país, algunos endémicos. Pero cuéntale eso a Nines, dile que los políticos juegan al Monopoli entre los cascotes, y que ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo para estipular el día en que podamos abrazarnos. Nos hemos vuelto a comunicar por videoconferencia. Se ha derrumbado, “tengo tantas ganas de veros, de besaros, de abrazaros”; así que frente a su emoción mantenemos el tipo con un nudo en la garganta. Y la animamos. “Cada dos días vas a disfrutar de las zonas comunes y podrás salir al jardín, si es que se instala definitivamente el buen tiempo”. “Ojalá, hijos, ojalá. Muchos besos”. #animopacienciaysolidaridad

 

Julián Redondo

 

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