Estado alarmante, día 69

La pena guía sus pasos y muere

Somos el reflejo de lo que pensamos y cuando damos voz a los pensamientos provocamos crisis, guerras, sonrisas, carcajadas, amor u odio. A continuación actuamos. Al hacerlo, nos guía el bien común -la solidaridad- o el beneficio particular -el egoísmo-. Hay quien procede sin decir ni pío, no emite ni la levedad del zumbido, y quien pregona el inicio de las obras con tambores, coros, danzas y cornetas. El ruido de los débiles. Hay quien sigue los mandados del partido y quien escucha las órdenes del corazón. En uno u otro caso, “el hombre es un ser social cuya inteligencia exige el rumor de la colmena para excitarse” (Ramón y Cajal). Pero con excepciones, como el zángano, esclavo de la abeja reina que termina maltratado por las obreras -que unidas jamás serán vencidas- cuando deja de ser útil. Es tan sandio que no percibe su decadencia; así el machote rompe en estorbo. Reincidir en el seguidismo peloteril y jerárquico del diputado Simancas, que aunque levita siempre tropieza en la misma piedra y no deja de culpar al empedrado, sería, por otra parte, arruinar este espacio; lo que presta, que dicen en Asturias, es servir de altavoz a la gente buena de este país tan diverso como maltratado.

Los ancianos, nuestros mayores, han sufrido la pandemia como las siete plagas de Egipto. El coronavirus se ha cebado con ellos y la entrada del HdP en las residencias ha tenido el efecto de la onda expansiva de una bomba atómica. Ha contaminado a los residentes y a los empleados, un círculo retroalimentado que ha diezmado a la población más vulnerable. Preocupada siempre por los demás, Cristina Cubero, amiga y compañera en Mundo Deportivo, es de esas personas que, por este orden, piensan, hablan y actúan para ayudar a quien más lo necesita.
Un día de finales de marzo, cuando la pandemia ya no dejaba ver el sol, recibió la llamada de un buen amigo, CEO de una farmacéutica española (Fargon), al tanto de las obras solidarias de la infatigable periodista. Quería ayudar. “Cris” conectó con la Fundación Ricky Rubio y diseñaron un plan de auxilio. Primero, con los niños del Raval. La higiene es primordial para prevenir la enfermedad y a los padres de esos críos apenas les llega para comprar arroz. Optaron por adquirir hidrogel desinfectante y allí que se fueron, a repartirlo puerta a puerta. Después, pensaron en los ancianos. Otra amiga, Olga Viza, le proporcionó contactos de centros de mayores. Sopesaron la posibilidad de adquirir test. Las noticias que salían de las residencias eran terroríficas. Así que hacia ellas dirigieron el foco. El jueves, día del desencuentro entre el ala más a la izquierda del Gobierno y el resto del mundo, se acercaron a una residencia. Fargon ya había donado con anterioridad 120 test a la Fundación Ricky Rubio; quería seguir ayudando.
Cristina gestiona auxilio para todo el mundo, es una ONG en sí misma; pero también se involucra en el reparto. Así que se acercó a la residencia, donde siete ancianos llevaban más de un mes aislados en sus habitaciones, sospechosos de estar contagiados. “Cris” se entretuvo con Raimunda, “una abuelita de 92 años” que le contó su historia más reciente y más amarga. Compartía habitación con su marido. “Antes de la enfermedad, nos visitaba a diario nuestro nieto. Y cada día nos sacaba a dar un paseo y a tomar café. En éstas se declaró la pandemia y dejamos de recibir visitas. A mi marido le invadió la tristeza y dejó de comer. Hace dos semanas falleció. Se murió de pena”. A Raimunda se le quiebra la voz, pero mantiene el tipo mientras se somete al test. En la habitación de al lado, María, 94 años, le dice a Cristina que sigue asombrada, y aterrorizada: “He pasado la guerra. Esto es peor porque no ves venir al enemigo”.

Ha transcurrido tiempo suficiente para conocer los resultados de las pruebas. Siguen en la residencia. ¡Todos negativos! Maya, una cuidadora georgiana, salta de alegría y no puede dejar de llorar. “Pobrecitos, llevan tanto tiempo aislados, encerrados… Para ellos ha sido horrible. Pero ya pasó”, y el gozo se refleja en su rostro, iluminado y surcado por lágrimas de felicidad.

El lunes, día 25, repiten el operativo en Gerona. Cristina y sus amigos hablan y actúan, mientras la Generalitat abre una investigación para comprobar si se podrían haber evitado tantísimas muertes en las residencias de ancianos. Pero despreciaban la ayuda de la UME, del Ejército, por querer auxiliar y evitar que el drama se extendiera. Así son los que tienen la sartén por el mango, bla, bla, bla; prejuicios y mala baba. Broza, deshechos de tienta, porquería, estiércol por doquier. Ensimismados en su ombligo y despatarrados en el escaño, caminan con orejeras, van a lo suyo, generan problemas donde no los hay, y en situaciones excepcionales como la presente, no debería haberlos. Verbigracia, ERC. Rufián, por orden de la autoridad que emana de Junqueras, exige al Gobierno que en quince días tiene que elegir entre Ciudadanos o ellos. Lo peor de todo, lo que más asco da, es que el Gobierno se lo está pensando. Y además evitan los rodeos: “O nosotros o te caes con todo el equipo”. Convocar ahora unas elecciones añadiría más tragedia al suicidio colectivo, pero pensar en cambiar de socios para enero… Lo dijo Miguel de Unamuno, “el fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando”. Algunos ni han abierto un libro ni han salido de la masía, del caserío, del cortijo o de la corrala.

Día 69 de Estado Alarmante. Asisto como invitado a la Primera Conferencia telemática de Ministros y Altas Autoridades del Deporte en Iberoamérica. El asunto, “Deporte en tiempos de Covid-19”. Amplísima representación de las instancias superiores de todos los países convocados, 22. Cada representante dispone de tres minutos para exponer las líneas maestras de sus respectivos gobiernos frente a la pandemia. Parece la OTI. Ausentes, México, el penúltimo caso de corrupción saltó por la mañana y excusaron su presencia; y Bolivia, porque creía que iba a encontrarse con los mexicanos, o acaso con Evo Morales infiltrado. Cuba, en cambio, optó por enviar un vídeo con profunda carga propagandística y los reproches habituales a Estados Unidos “por su hostilidad”. De Venezuela, el ministro del Poder Popular para la Juventud y el Deporte, dos viceministros del ramo y una directora general. Ella, con mascarilla, también la máxima autoridad, que “jugaba” en chándal, como uno de los viceministros. Los cuatro, arracimados en el cabecero de una mesa que hubiese permitido la distancia social. Nos dieron recuerdos de Nicolás Maduro. Por España intervino Irene Lozano, secretaria de Estado para el Deporte. ¿Qué medidas aportó? El “Pacto de Viana”, el tratado de paz entre Tebas y Rubiales que contribuirá a que el deporte español no se vaya por el desagüe gracias al mecenazgo de LaLiga, que también patrocina al Consejo Iberoamericano del Deporte. La presidenta del CSD, correcta, en su línea. Como la subvención de los 200 millones del fútbol (Tebas) para el deporte ha cruzado el océano, Panamá pidió ayuda a España, no estrictamente económica. Quien estuvo sembrado fue el secretario especial adjunto de Deporte del Ministerio de la Ciudadanía de Brasil, André Barbosa Alves, un descubrimiento, a tono con Jair Messias Bolsonaro, su presidente. Entre las vaguedades que reportó, dijo que están mirando el asunto fiscal y que la próxima semana reunirán a varios ministerios para elaborar un protocolo para que vuelva el fútbol… Omitió que son más de trescientos mil los contagiados y más de mil las personas que fallecen a diario en su país; donde ya se superan los 20.000 muertos. Todavía no ha llegado lo peor.

Tras dos horas y media de intervenciones que no aportaron soluciones ni prácticas ni imaginativas, porque todo está inventado, la conclusión es que para derrotar más pronto al Covid-19 hay que imitar a Portugal. Vitor Pataco, presidente del Instituto del Deporte y de la Juventud, se refirió a las medidas que ya están en marcha –financiación, protección del empleo, aplazamiento fiscal, campañas de promoción del deporte…-, no las que han pensado tomar. Y menos mal que me dio tiempo a llamar a Nines. Había estado en la terraza, le dio el sol, está contenta, “bien, gracias a Dios”; me preguntó que cuando levantaban la veda, le dije que la semana próxima. “Pues aquí estaré, esperando el santo advenimiento”, y me despidió con una carcajada y los besos de rigor. Menos mal que pude hablar con ella. #animopacienciaysolidaridad

Julián Redondo

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