Franco, ese hombre (I)

El 11 de noviembre de 1964 se estrenaba, en El Palacio de la Música de Madrid, el documental «Franco, ese hombre». Se trataba de una biografía del Jefe del Estado, dirigida por el prolífico director José Luis Sáenz de Heredia. Era un repaso a la vida de Francisco Franco y se enmarcó en los actos...

El 11 de noviembre de 1964 se estrenaba, en El Palacio de la Música de Madrid, el documental «Franco, ese hombre». Se trataba de una biografía del Jefe del Estado, dirigida por el prolífico director José Luis Sáenz de Heredia. Era un repaso a la vida de Francisco Franco y se enmarcó en los actos de la campaña «XXV Años de Paz», que conmemoraba el 25 aniversario del final de la Guerra Civil.

Sin ningún género de duda la figura del General Franco ha sido una de las más destacadas dentro de la historia del siglo XX y, a tenor de la fobia patológica de los social-comunistas de turno, lo está siendo en el presente siglo.

La carrera militar de Franco estuvo jalonada de éxitos, sobre todo en la guerra de África o del Rif, donde tras varias acciones de mérito, llegó a alcanzar el cargo de General de Brigada, con solo 33 años, siendo el militar más joven de Europa en alcanzar el generalato. Esto desmonta la feroz crítica de sus detractores, ya que no se puede ascender por méritos sin tenerlos, como por ejemplo «la marquesa de Galapagar».

Todos sus ascensos, desde capitán, lo fueron por méritos de guerra; fue cofundador de la Legión en 1920; participó heroicamente en el desembarco de Alhucemas y fundó y dirigió la entonces considerada mejor Academia Militar del Mundo, la de Zaragoza en 1927.

Todo ello le sirvió para recibir la distinción de la Legión de Honor Francesa, que fue establecida por Napoleón Bonaparte en 1804 y requiere para su concesión tener méritos extraordinarios en los ámbitos civil o militar. Nada que ver con los méritos obtenidos por Pedro «El Sepulturero», para ser jefe del gobierno de España.

Durante la República, y en el golpe de Estado socialista y separatista de octubre de 1934, consiguió, con éxito, sofocar el golpe de estado y salvar a la República. Cuando el Frente Popular llegó fraudulentamente al poder, desplazaron al general a Canarias, a pesar de que ya les había avisado de que las acciones criminales de los políticos gobernantes estaban llevando a España a la deriva,

El asesinato cruel y despiadado del Calvo Sotelo (jefe de la oposición) en julio de 1936, perpetrado por miembros de la Policía gubernativa, o sea un crimen de estado en toda regla, hizo que parte del Ejército se sublevara, siendo Franco el último general en sumarse al levantamiento. La situación en España era caótica y ya los socialistas, con Largo Caballero a la cabeza, habían dicho que irían a la guerra si no conseguían sus objetivos.

Se acusa a Franco de haber contado con el apoyo de Hitler desde el principio del Alzamiento. No es cierto, el apoyo alemán fue inferior al italiano, por ejemplo y tampoco es nada despreciable el apoyo soviético al Frente Popular, con sus Brigadas Internacionales y el envío de material de guerra y asesores. Todo ello con el envío masivo y latrocinio de las riquezas de España a Moscú, organizado por el PSOE.

Al inicio, la mayoría del territorio nacional y de sus recursos se encontraban en manos de los frentepopulistas pero, como buenos socialistas y comunistas, fueron incapaces de gestionar adecuadamente su posición de privilegio y siguieron con sus luchas internas entre ellos, mientras que, en el bando nacional, la figura del líder supo coordinar las distintas corrientes que lo componían.

Dentro del bando perdedor, se sucedían las guerras internas, hubo intentos de goles de mano y, hasta el final se produjo del golpe de estado del coronel Casado, que propició la desbandada social-comunista y acabó con la Guerra Civil. Todo esto podría ser una opereta protagonizada por PSOE, Podemos, separatistas y terroristas de nuestros días.

Si como pretenden imponer en las distintas leyes de Memorias Históricas o Democráticas Franco ganó la guerra a pesar de ser inútil, corto, analfabeto, burro y todos los epítetos imaginables, cabría pensar; ¿Y semejante esperpento pudo con ellos? ¿Cómo serían los «iluminados» que fueron derrotados?

Esos iluminados fueron los que se cargaron la República, ya que, en julio de 1936, cualquier parecido con un atisbo de régimen republicano era una falacia. Toda legalidad saltó por los aires con el beneplácito de los partidos del gobierno.

Los asesinatos y la violación de derechos humanos, así como el genocidio de aquellos pertenecientes a la Iglesia o solamente fieles o simpatizantes católicos, era suficiente para desaparecer del mundo de los vivos.

Por eso se crearon las llamadas «chekas», que eran unos lugares de detenciones ilegales, controladas por grupos de izquierdas y anarquistas, donde se torturaba, asesinaba y robaba, sin ningún tipo de garantías a todos los rivales políticos.

Mientras que este tipo de genocidio no se aplicaba en la zona nacional, donde el general Franco, procedió, en la inmensa mayoría de los casos a juicios garantistas y, salvo algún caso aislado, las muertes se produjeron tras sentencia.

No obstante, sigue la leyenda sobre los asesinatos en las cunetas por parte del ejercito nacional, hechos que no se han podido demostrar a pesar de la ingente cantidad de dinero malgastada por los social-comunistas y que se ha saldado con un gran fiasco.

Me gustaría recomendarle a la concejal de Castellón, encargada de la revisión de la historia de nuestra ciudad Verónica Ruiz que en aras de buscar la memoria de verdad, de la buena, hiciera un repaso sobre las chekas que se encontraban en nuestra localidad.

Le voy a facilitar un dato histórico. El 29 de agosto de 1936, el barco prisión Isla de Menorca, anclado en el puerto de Castellón y donde se encontraban 57 personas detenidas por el Frente Popular sin otro delito que opinar diferente y pertenecer políticamente a organizaciones católicas, entre ellos varios menores de edad.

Fue asaltado por 150 milicianos, los cuales se hicieron con los detenidos y sacándolos del barco los llevaron a las playas del Pinar y de Almazora, donde les volaron la cabeza. Para los muñidores de las Leyes de Memoria ¿no sería esto un delito de odio?

Pero este tipo de historias veraces no les interesa. Son igual que su ídolo Pedro «El Sepulturero», valientes con los muertos y cobardes con los vivos. No fueron capaces de plantar cara a Franco en vida, y lo han hecho años después de muerto.

Seguiré con la semblanza de Francisco Franco «Ese hombre» y con su obra en siguientes capítulos. Hay que restituir la memoria, basándose en hechos reales, no en mentiras.

¡¡VIVA ESPAÑA!!

 

Luis Andrés Cisneros

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