La abstención de Compromís obliga a que sea el voto de calidad quien decida el Código de Buen Gobierno

Carrasco: “Hoy hemos asistido a una nueva fractura del equipo de gobierno al tener que ser el voto de calidad del presidente de la comisión el que haya impuesto la adhesión al Código de Buen Gobierno de la FEMP”

“Frente al rodillo y el atropello que impone Amparo Marco, seguimos defendiendo la necesidad de crear una comisión no permanente para abordar cualquier modificación del Código de Buen Gobierno, tal como se hizo entre 2014 y 2015 gobernando el PP con mayoría absoluta”

 

“Tenemos un texto propio, fruto del consenso y de la unanimidad,  sobre éste deberíamos de trabajar para modificarlo, no desecharlo ni tirarlo por tierra sólo por la estrategia política del gobierno municipal para blindarse en el poder, ante posibles imputaciones por corrupción”

 

La Comisión Plenaria de Gobierno Interior, celebrada hoy ha puesto de manifiesto una nueva fractura del gobierno municipal, ya que Compromís ha vuelto a desmarcarse de la línea impuesta por sus socios del Acuerdo de Fadrell. Hoy se sometía a votación la imposición de Amparo Marco de derogación del actual Código de Buen Gobierno, vigente en el Ayuntamiento de Castellón desde 2015, fruto del consenso y la unanimidad, para acogerse al Código de Buen Gobierno de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), más laxo en materia de imputaciones por casos corrupción al gobierno.

Durante la reunión, todos los partidos de la oposición han votado en bloque en contra de adoptar ese documento, abriendo la puerta a crear una comisión de no permanente de transparencia y buen gobierno, que permita consensuar posturas y plantear un documento de consenso por todos los grupos con representación política en la corporación municipal. Ha sido en este punto donde Compromís se ha desmarcado de la línea de sus socios del PSPV y Podemos, absteniéndose. Este hecho ha producido un empate técnico de los bloques, que ha requerido el voto de calidad del presidente de la comisión para seguir decantando la balanza del lado de los intereses de Amparo Marco, es decir, blindar a los concejales del equipo de gobierno mediante la derogación del Código de Buen Gobierno vigente, y la incorporación del texto de la Federación Española de Municipios y Provincias.

“Consideramos que el único cauce posible para modificar el Código de Buen Gobierno era, y es, una Comisión no permanente, que es lo que siempre hemos defendido, igual que se hizo entre 2014 y 2015 con el Partido Popular gobernando con mayoría absoluta”, señala la portavoz de los populares Begoña Carrasco.

 

“Tenemos un texto propio, fruto del consenso y de la unanimidad alcanzada en su día por los grupos políticos que conformaron la corporación de 2015, sobre éste Código de Buen Gobierno propio deberíamos de trabajar para modificarlo, no desecharlo ni tirarlo por tierra solo por la estrategia política del gobierno municipal para blindarse en el poder, ante posibles imputaciones por corrupción”.

 

Finalmente la Comisión ha derogado con los votos de los tres partidos del Gobierno (PSOE, Compromís y Unidas Podemos) el Código de Buen Gobierno que ellos mismos insistieron en endurecer cuando gobernaba el Partido Popular pero que ahora que gobiernan han decidido no respetar y suprimir, pasando el rodillo, evidenciando un abuso de poder, saltándose cualquier intento de diálogo y consenso.

De hecho, en la comisión se ha tenido que modificar uno de los puntos de la propuesta de acuerdo, debido a que estaba arrogando incluso las competencias que corresponden al pleno.

“Hoy, se ha dado el primer paso para que 14 concejales han dado carpetazo a lo que aprobaron 27 concejales por unanimidad en sede plenaria, sólo por blindar su permanencia en el gobierno ante posibles imputaciones por corrupción, cambiando las reglas del juego a su merced. Sin contar con la opinión del resto de concejales en la oposición, que también acataron el Código de Buen Gobierno en el momento de tomar posesión. Una manera de proceder que será legal, sí, pero desde luego ni es ético, ni moral, especialmente de quienes se llenan la boca hablando de transparencia, democracia o participación”, concluye Carrasco.

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