La ideología de la muerte

Ayer celebramos el día del padre, al menos lo celebramos aquellos que aún tenemos en la familia uno de nuestros mayores valores.

Conté con el maravilloso, indescriptible diría yo, orgullo de la felicitación de mi hija. Sé que siente orgullo de su padre y me quiere.

Desgraciadamente no pude felicitar a mi padre, hace ya 31 años que falleció. El tiempo no me impide tener presente el legado que me dejó, el amor que me transmitió y el respeto a la vida que me inculcó.

Casi año y medio antes de su fallecimiento sabíamos que se moría. El primero en saberlo fue él. Visitó a su médico de confianza para que le certificara sus sospechas de que padecía cáncer, su médico y amigo no le mintió, tenía un tumor y su esperanza de vida no alcanzaba los 24 meses.

Yo fui el primero al que mi padre transmitió la noticia. “De momento no se lo digas a tu madre y a tu hermana, se lo contaremos a su debido tiempo y con el menor de los sufrimientos”. Esas fueron las palabras de mi padre tras anunciarme la trágica noticia.

A partir de ese mismo momento centró todos sus esfuerzos en prepararse para la muerte, pero sin renunciar jamás a su familia, sus amigos, su estilo de vida y, sobre todo, a su derecho a ser feliz el tiempo que le quedara.

Su entereza será una lección que jamás podré olvidar.

La enfermedad, miserable e inhumana, siguió avanzando sin poder doblegar la férrea voluntad de mi padre.

En mi mente sigue grabado el momento en que  me pidió permiso para volver a fumar, lo había dejado hacía meses. También recuerdo mi respuesta: Fuma lo que quieras, no creo que ya vaya a suponer muchos días de diferencia y si algo te gusta es fumar.

Hay muchas formas, algunas muy sencillas, de dar a nuestros seres queridos un final feliz, no es necesario matarlos antes de tiempo como la desalmada Ley de la Eutanasia, aprobada y aplaudida por los sin corazón, defiende.

Los últimos meses de la vida de mi progenitor, sin que nadie le privara de ella, fueron muy provechosos.

Sus amigos acudían a casa a verle a diario, se bebieron, con el disgusto de mi pobre madre, toda una colección de Vega Sicilia que yo tenía guardada…nunca unas docenas de botellas de vino tuvieron mejor destino, sirvieron para que mi padre agradeciera a sus amigos su compañía cuando todos sabían que quedaba poco tiempo de disfrutarla.

El espíritu de mi padre no tenía límites. Ya muy avanzada su enfermedad acudía a la peluquería para mantener su buena imagen y muchos días, al caer la tarde, me llamaba al trabajo para preguntarme: ¿Qué, hoy no vigilamos el precio del whisky?

Acudía raudo a su encuentro y las copas que nos tomábamos las disfrutábamos con una inmensa alegría. Él aprovechaba para darme sus últimos consejos, yo adsorbía con ansia toda su sabiduría, los dos sabíamos que nos quedaba poco tiempo para estar juntos pero una rara, quizá insensata, felicidad nos envolvía.

En sus últimos días insistía, una y otra vez, a pesar de los dolores que los médicos afirmaban que sufría, en que no se le administraran drogas, pedía que le dejáramos morir con dignidad, consciente de estar rodeado de su familia y amigos.

Su entereza, su profunda fe en que iba a una vida mejor, me marcaron para siempre e hicieron, si es que a esas alturas era posible, que mi admiración hacia mi padre se multiplicara.

Supongo, espero, que mi padre no fuera una excepción.

Pues a este tipo de personas es a las que quieren “matar antes de que empiecen a molestar”, a quienes se les negará el amor de su familia y a quienes hurtarán una muerte digna porque ya no son útiles para la sociedad.

El legislador jamás entenderá, tampoco tiene interés en entenderlo, la cantidad de cosas que mi padre me enseñó en sus últimos meses de vida y el inmenso amor que uno a otro nos dimos en la recta final de una vida dedicada por entero a su esposa y a sus hijos.

Si alguien hubiera pretendido privarme de esos meses maravillosos le hubiera calificado, sin duda, de asesino desalmado e irresponsable.

Solo sin sentimientos, corazón y amor se puede jugar a ser Dios.

La vida nos pertenece y solo Dios dispone de ella.

Feliz día del padre papá…no se olvida nunca a un ser querido, solo se aprende a vivir con su ausencia.

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