La Magdalena con los ojos de un extranjero

La Magdalena es una fiesta muy importante para todos los castellonenses, ya que se celebra en memoria de los orígenes de la ciudad. Cada año se organiza un festival con mercadillos, música y mucha comida tradicional. Las calles están llenas de humo y de ruido de masclets que no para hasta las tres de madrugada, pero nadie se queja (menos yo, claro).

Yo vivo por una zona bastante tranquila (así pensaba yo antes),  me gusta mucho la ubicación de mi piso. Tiene parque, muchos supermercados alrededor y no está lejos del centro. Cuando mis padres compraron este piso estaban seguros de que acertaron 100% y que estaríamos muy contentos por esta zona. Pero mi opinión cambió completamente después de Magdalena.

Pero vamos por partes.

Mi primera Magdalena empezó un lunes por la mañana, cuando la grúa se llevó mi coche. La Policía Local me mandaba de una punta de la ciudad  a la otra en  busca de mi coche, recorrí todas las calles que antes ni sabía que existían. Ese día estuve enfadada y al compartir mis sentimientos con mis amigos, algunos,  no entendían mi frustración.

Al final del día, más calmada, tomé un par de cervezas, di una vuelta por los mercadillos y empecé a pensar que no estaba tan mal como lo había tomado al principio. Incluso pensé que me empezaba a gustar la Magdalena. Pero esta sensación de tranquilidad y alivio me duró justo hasta llegar a casa. La orquesta de petardos y los gritos de la gente no paró hasta las tres de la madrugada. Y cuando al final me dormí… escuche el ruido de los patos que habían soltado, caminando por la calle y dejándolas  “difíciles” de pisar.

A mi pregunta “¿Pero por qué a las seis de la mañana?” Mis amigos españoles sonreían y respondían con un simple “porque es Magdalena”. Pasé nueve días intentando luchar con mi sueño y buscando posibilidades de dormir. Fue en ese momento cuando entendí porque la gente toma tantas cervezas durante las fiestas. Claro, porque si no, no podrás dormir.

Así que cuando cancelaron la Magdalena, me puse contenta pensando en las fiestas anteriores, durante las cuales no había podido dormir.

Debo admitir que con el tiempo hasta yo empecé a echar de menos los petardos, los mercadillos y la música a todas horas y por todos lados.

Así que estas fiestas son cruciales para la gente de aquí. Todo el mundo está contento y la ciudad está llena de vida y celebrando como si no hubiera mañana. Echo de menos esta sensación de estar todos juntos y felices. Durante estos días te sientes como parte de esta ciudad y su cultura. Todo Castellón se siente como una gran familia.

Por todo ello, la cancelación de Magdalena este año es algo inimaginable. Estas fiestas se han organizado todos estos años, creo que ni la Guerra Mundial pudo impedir su celebración. Para la gente de Castellón no es solo una fiesta más, es una manera de recordar sus orígenes y sentirse unidos. Quitar la Magdalena es quitarles la vida, les duele el alma.

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