La nueva trampa

Se lo han aprendido en miércoles. Desde que Ximo Puig tildó de “normalidad democrática” los retrasos, chapuzas e intrigas palaciegas del día de su investidura parece que la moda se extiende como la peste. En el momento que le preguntas a algún “progre” por algún tema que no está demasiado claro la respuesta automática es: “Todo está dentro de la normalidad democrática”

Cuesta creerles ya que es difícil fiarse de quien considera normalidad democrática compartir Gobierno con:

  1. Sectarios separatistas
  2. Los que quieren vender la Comunidad a Cataluña
  3. Los que utilizan la lengua para dividir a los valencianos
  4. Los que recortan nuestras libertades
  5. Los que no permiten la libertad de elección en la educación
  6. Los que reescriben la historia para tapar la gravedad de sus actuaciones
  7. Los que no acatan la Constitución
  8. Los que no respetan al Jefe del Estado
  9. Los que dedican su tiempo y nuestro dinero a destruir España…

Podría seguir durante horas pero creo que es suficiente para dejar clara la total anomalía democrática en la que nos obligan a vivir. Además, es triste, sustentado por un partido socialista otrora defensor de las libertades.

Tras lo políticamente correcto, la nueva trampa parece tener nombre, “normalidad democrática”, aunque después de la compra venta de sillones a la que asistimos el sábado suena a cachondeo.

Pero no es oro todo lo que reluce, el subconsciente de algunos políticos les ha traicionado y ya he oído, entre ayer y hoy, varias veces pronunciar la frase “violencia doméstica” desmarcándose de una nefasta y errónea definición como “violencia de género”. Se les ha escapado ante el maltrato de ancianos y niños y me da la risa pensar que al final van a ser ellos, los defensores de la perspectiva de género, los que van a dar la razón a VOX cuando defiende la lucha contra la violencia en el ámbito familiar venga de quien venga y se ejerza contra quien se ejerza.

Ya sabe, si alguna vez le pillan en “fuera de juego” siempre puede alegar que está “dentro de la normalidad democrática”, no le creerá nadie pero queda políticamente correcto.

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