Los nuevos Juegos Olímpicos

Haremos un alto en el camino en la serie de artículos sobre la Historia de España en la que repasamos lo que sucedió durante la etapa 1936/1975. En siguientes entregas lo seguiremos desgranando, pero hoy quisiera abordar los recientemente clausurados Juegos Olímpicos de Tokio. La imagen que figura en el encabezado de este artículo es...

Haremos un alto en el camino en la serie de artículos sobre la Historia de España en la que repasamos lo que sucedió durante la etapa 1936/1975. En siguientes entregas lo seguiremos desgranando, pero hoy quisiera abordar los recientemente clausurados Juegos Olímpicos de Tokio.

La imagen que figura en el encabezado de este artículo es una obra del escultor gallego Vázquez que fue inaugurada en 1982 con motivo de la disputa de algunos partidos de fútbol del Mundial 82 que se jugaron en el estadio de Balaídos, en Vigo. Representaba los cinco aros olímpicos.

Y, en el año 2010, el alcalde de esa ciudad, socialista de pro, cambió ese monumento por otro, dejando en un estado lamentable y en un lugar abandonado de la mano de Dios, la estatua que significó un hito deportivo importante para la ciudad gallega. No dejó de ser un vaticinio de la ruina a la que están llevando los cerebros del Nuevo Orden Mundial al movimiento olímpico.

Ver los recintos deportivos sin público, huérfanos de calor humano y del estímulo que necesitan los deportistas para alcanzar sus metas ha dejado un poso de tristeza y desolación que marcarán un antes y un después en el olimpismo.

Cuando en 1894, Pierre de Coubertin, fundó el Comité Olímpico Internacional e inauguró los I Juegos Olímpicos en Atenas, dictó el lema oficial del Olimpismo: «Citius, Altius, Fortius» que es un llamado a los atletas a que se esfuercen por la excelencia personal en todo lo que hacen.

En primer lugar, tenemos que estar satisfechos de las diecisiete medallas cosechadas por la representación española, entre ellas tres de oro. Se repiten las conseguidas en Río, aunque sólo nos hemos quedado a la mitad de las de oro obtenidas en los anteriores Juegos. No obstante, felicidades a los deportistas que han participado en representación de España.

Por desgracia y en vista de las «nuevas normalidades» que han invadido nuestras vidas, todo ha perdido su sentido primordial. Lejos quedan aquellos días en los que los atletas competían por su país, y por preservar el espíritu olímpico y las virtudes que le adornaban. La «plandemia», que también ha infectado el deporte, ha cambiado todo esto y se ha visto, por lo menos en lo tocante a los medios de desinformación españoles, a sus políticos y a algunos deportistas, representar a tu país es lo menos significativo.

La tan manida «colectivización» de la sociedad española, ha traído consigo que se haga mayor hincapié en destacar a qué colectivo pertenece el atleta que al mérito innegable que le ha llevado a conseguir una medalla. Ahora ya no es importante su esfuerzo, su trabajo, su voluntad y su sacrificio, no ahora lo es más saber a qué colectivo de personas pertenece.

Se han destacado mucho más la raza, condición sexual y cualquier signo que le pudiera ubicar en un grupo demandante de la tan traída y explotada igualdad.

Tomemos como ejemplo a la medalla de bronce en triple salto femenino que ha aprovechado su éxito para lanzar el tan traído tema racista de su color de piel. Parece ser que, para ella, era mucho más importante exhibir el color negro de su dermis, dando a entender que la medalla no era para España, sino para el «colectivo negro».

En vez de presumir de su triunfo y de lo orgullosa que se sentía por haber conseguido un triunfo para el país que le ha facilitado y permitido que se pudiera preparar para poder optar a una medalla, sigue explotando el mantra de la discriminación racial en España, la cual le ha permitido estar becada durante los últimos años, y embolsarse los 30.000 euros, al igual que cualquier «racista blanco».

No contenta con ello presumía, en las entrevistas que ha concedido, de ser hija de madre española y de un africano que no sabe quien es. También alardeaba de sentirse satisfecha que habrá un montón de españoles (con clara referencia a los votantes de VOX) que estarán rabiando por su éxito. Con ello queda claro que ella es racista y xenófoba.

Les dejo un vídeo que le dedica el conocido como «el negro de VOX», en referencia con este tema. No tiene desperdicio.

Está claro que su nivel deportivo está a años luz del cultural e intelectual. También demuestra muy poco respeto por su país, sin el apoyo del cual no hubiera llegado a cotas tan altas. Ya lo dice el refrán «es de bien nacidos ser agradecidos».

Pero no solo la desprestigiada prensa y medios de comunicación han destacado los éxitos de los atletas negros, si era una mujer se ensalzaba más, si era un miembro, miembra, miembre del colectivo lgtbxyz?=noseloquesoy era mucho más meritorio.

Desde que tengo uso de razón, nunca se ha hecho ningún tipo de desprecio a ningún atleta por razones de raza, sexo religión ni ninguna otra causa en los Juegos Olímpicos. Todos recordamos los éxitos de Jim Hines (el primer hombre en bajar de 10.00), Carl Lewis, Usain Bolt y tantos otros, todos de color negro y admirados por el mundo entero.

Mujeres como Nadia Comaneci, la rumana que consiguió el primer 10 en gimnasia rítmica en la historia en los Juegos de Montreal en 1976 y a la que nadie le impidió ser la mejor, a pesar de ser mujer.

Y tantos hombres y mujeres que han hecho historia en el deporte mundial y que no necesitaron ni victimizarse, ni pertenecer a un colectivo ficticio montado por los que viven a costa de chupar del bote de personas a las que comen el tarro, como a la gallega del triple salto.

Pero, los máximos dirigentes del Nuevo Orden Mundial, están dispuestos a cargarse hasta los Juegos Olímpicos con tal de lograr sus oscuros objetivos totalitarios. De momento ya en esta edición, la audiencia de televisión, a nivel mundial, ha bajado un 46% y echarán a los espectadores del deporte.

La ridícula escena de la entrega de medallas, en las que los vencedores tenían que imponerse ellos mismos las medallas, mientras que el jerifalte de turno, guardando una distancia exagerada, se acercaba con una bandeja y con cara de terror y bozal se la ofrecía al vencedor, pasará a los anales de las películas de miedo.

Mientras que los deportistas competían sin mascarilla y se abrazaban, se tocaban y se felicitaban sin tener, como es lógico, ninguna distancia llamada «social».

Se están cargando todo el planeta, incluidos los Juegos Olímpicos, como hizo el alcalde de Vigo con el monumento de los aros.

Acabemos con las autonomías antes de que ellas acaben con España y los políticos con los Juegos Olímpicos.

¡¡¡   VIVA ESPAÑA   !!!

Luis Andrés Cisneros