Niega haber matado a su pareja en Paterna con laxantes

Niega haber matado a su pareja en Paterna con laxantes

Llegó a adquirir más de mil comprimidos de Dulcolaxo, más de 500 unidades de Evacuol y otras 500 de Seguril.

 

En el juicio que comenzó hoy y se lleva a cabo ante un jurado popular, formado por tres mujeres y ocho hombres, la acusada de haber provocado la muerte de su pareja en Paterna (Valencia), tras suministrarle grandes cantidades de laxantes ha negado rotundamente los cargos en su contra. Declaró,

Yo no lo hice, los compraba para mí.

Además, sostiene que su pareja falleció debido a una infección en la aguja de la vía intravenosa que le colocaron en el hospital para alimentarlo. Asegura que contaba con la autorización de él para utilizar sus cuentas bancarias.

La mujer, que tenía 49 años al inicio de la relación, está siendo juzgada por administrar laxantes a su pareja, Salvador, un viudo de 68 años con varios problemas de salud diagnosticados, durante el verano de 2020, sin que él lo supiera. El paciente fue ingresado en septiembre del mismo año y pasó cuatro días en cuidados intensivos. Según la acusación, al regresar a casa, Mari Carmen continuó administrándole laxantes, lo que provocó otro ingreso hospitalario. A pesar de ser consciente del riesgo de muerte que representaban, siguió dándoselos. Durante su estancia hospitalaria hasta su fallecimiento, llegó a adquirir más de mil comprimidos de Dulcolaxo, más de 500 unidades de Evacuol y otras 500 de Seguril.

La víctima desarrolló una diarrea crónica resistente a cualquier tratamiento y sufrió deshidratación y deterioro progresivo hasta su muerte el 16 de abril de 2021, a causa de un shock séptico severo provocado por «las complicaciones derivadas del cuadro diarreico causado por la administración continuada de laxantes por parte de la acusada».

Durante el período comprendido entre octubre de 2020 y la fecha de fallecimiento del hombre, la acusada habría realizado hasta 152 extracciones de dinero de las cuentas corrientes de la víctima, así como compras con sus tarjetas de crédito que sumarían más de 120.000 euros en total. También se le imputa haber solicitado dos créditos a nombre del hombre, realizando las gestiones telefónicamente y simulando su intervención.

Durante el período en que la víctima sufría «una grave deshidratación y desequilibrio electrolítico», Mari Carmen utilizaba el teléfono móvil y las tarjetas bancarias de su pareja, asegurándose de que todas las comunicaciones con él pasaran a través de ella al ser la única persona acompañante en el hospital.

Cuando los hijos de Salvador intentaban contactar con los médicos del Hospital IMED, la presunta homicida logró que la designaran como la única persona autorizada para recibir información sobre el estado de salud de su pareja.

Según la acusación particular y el fiscal, Mari Carmen era plenamente consciente de los efectos devastadores de los laxantes en la salud de su pareja y continuó administrándole los medicamentos hasta causar su muerte. Durante el tiempo que Salvador estuvo hospitalizado, la acusada realizó retiros de efectivo en cajeros automáticos por un total de 88.110 euros sin el consentimiento de la víctima.

Además, se descubrió que suplantó la identidad de su esposo para solicitar dos préstamos, uno de 9.900 euros y otro de 3.300 euros, de los cuales se apropió, y falsificó su firma para realizar compras por un total de 2.758 euros.

FISCALÍA SOLICITA 28 AÑOS DE PRISIÓN PARA LA PRESUNTA ASESINA DE LOS LAXANTES DE PATERNA

Las acusaciones imputan a Mari Carmen un delito de asesinato con la agravante de parentesco, así como un delito continuado de estafa. La Fiscalía solicita una pena de 28 años de cárcel para la presunta homicida (23 años por el primer delito y cinco más por el segundo), mientras que la acusación particular pide 31 años de prisión (25 años por el asesinato y seis adicionales por el delito continuado de estafa).

Por estos hechos, la Fiscalía solicita inicialmente una pena total de 28 años de prisión, concretamente 23 años por el delito de asesinato y cinco años y tres meses adicionales por estafa y falsedad. Además, se pide el pago de 30.000 euros a cada uno de los dos hijos del fallecido. Por su parte, las acusaciones particulares, representantes de los hijos del difunto, elevan la petición de pena a 31 años, mientras que la defensa solicita la absolución de la acusada.

El fiscal ha destacado que Salvador gozaba de una situación económica favorable, aunque su estado de salud era delicado debido a su incapacidad permanente, diabetes y antecedentes de infartos cerebrales. A diferencia de la acusada, quien era 19 años más joven y no se le conocía empleo remunerado ni ingresos propios.

Se ha argumentado que, durante la hospitalización, se realizaron numerosas pruebas para determinar la causa de la diarrea, pero no se logró identificar que se le administraban laxantes mortales. Se ha sostenido que sin la diarrea no hubiera ocurrido un fallo multiorgánico, y sin los laxantes, no hubiera habido diarrea.

Se ha subrayado la dificultad para detectar estos productos, ya que se eliminan rápidamente del organismo.

Las acusaciones particulares han señalado que la mujer aisló a su pareja familiar y socialmente, y aprovechó su vulnerabilidad para suministrarle los laxantes que causaron su muerte, además de vaciar sus cuentas. Se ha afirmado que esto no sería la primera vez que la acusada realiza este tipo de acciones, ya que habría repetido el patrón con anteriores parejas. Se la ha descrito como una completa depredadora.

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La acusación particular ha afirmado,

No era la primera vez que lo hacía. Con una pareja anterior llevó a cabo la misma acción. Y después del fallecimiento de Salvador, lo repitió con una tercera persona. Es una completa depredadora.

Por otro lado, la defensa, representada por un abogado de oficio debido a la falta de recursos económicos por parte de la acusada, ha argumentado que su cliente ha sido injustamente juzgada por los medios de comunicación a través de una versión distorsionada de los hechos. Se ha comparado la situación con el argumento de una película ficticia, afirmando que la historia no se basa en hechos reales, sino en pura ficción. Se ha destacado que Mari Carmen entró en una familia adinerada sin tener recursos propios y que Salvador, su pareja, cubría todos los gastos de ella y sus hijos, lo cual ha sido calificado como una situación que la familia de Salvador no podrá aceptar.

Por su parte, la acusada, quien únicamente ha respondido a su abogada, ha afirmado que ella y Salvador estaban profundamente enamorados, llegando él incluso a proponerle matrimonio mientras estaba hospitalizado. Inicialmente, vivieron juntos en la casa de ella, pero debido al confinamiento por la pandemia en marzo de 2020, decidieron trasladarse a la casa de Salvador en La Canyada. En la misma propiedad, vivía la hija de Salvador y su nieta.

Mari Carmen asegura que Salvador tenía el ‘carácter fuerte’

Mari Carmen ha descrito a Salvador como un hombre de carácter fuerte, recordando que solía decir: «Si lo digo yo, es». Ha mencionado que él asistía a terapia por problemas de alcoholismo, fumaba más de dos paquetes de cigarrillos al día, tenía una alimentación poco saludable y no bebía suficiente agua, aunque consumía muchas bebidas azucaradas, a pesar de que se le desaconsejaba, incluso durante su estancia en el hospital.

Durante su primer ingreso hospitalario, ha comentado que Salvador ya sufría de diarreas y se mostró molesto cuando le dieron el alta. En su segunda hospitalización, ingresó debido a una bajada de tensión, y según ha afirmado, los médicos le recetaron laxantes porque tenía dificultades para evacuar. Ha explicado que debido a las dificultades para controlar su alimentación, le colocaron una vía intravenosa. La infección resultante de esta vía, según ha señalado, fue lo que desencadenó la sepsis que provocó su fallecimiento.

Mari Carmen ha admitido que consume laxantes desde los 17 años, aumentando su ingesta cuando está nerviosa, como durante el período de hospitalización de Salvador, aunque ha asegurado que estos dejaron de hacerle efecto. Compraba los laxantes en una farmacia de Paterna, donde le advirtieron sobre el peligro del consumo excesivo. Ha enfatizado que nadie la vio administrar laxantes a Salvador, ni el hospital sospechó de ella, ya que, según ha asegurado, nunca lo hizo. Además, ha señalado que las pastillas que él tomaba no se disolvían y que, por su parte, ella solía consumir los líquidos laxantes, los cuales tienen un sabor muy dulce. Ha destacado que el informe toxicológico no encontró restos de laxantes.

También ha afirmado que, durante su estancia en el hospital, retiraba dinero de las tarjetas de Salvador con su consentimiento para continuar pagando al personal doméstico y adquirir los artículos necesarios, tanto para él como para ella,

Él tenía caprichos y era un comprador compulsivo, siempre procuraba que disfrutara de lujos, pero siempre con su aprobación.

Además, ha asegurado que revisaba diariamente todas las transacciones en el teléfono móvil de ella. De hecho, ha señalado que su fallecimiento la ha afectado negativamente: «Ha sido un desastre emocional y financiero».

Mari Carmen ha afirmado que Salvador no mantenía una buena relación con su hija, y que durante una reunión familiar se acordó que «por el bien de ambos, ella se fuera de la casa con la nieta», con quien sí se llevaba bien. Ha testificado que no impidió las visitas de la hija al hospital, pero Salvador no las quería. Incluso actuó como intermediaria para que la hija pudiera quedarse. Además, ha mantenido que los hijos sentían «celos» y que Salvador modificó su testamento, dejando todo a los nietos bajo la tutela de un albacea.

Durante la vista, una instructora de la Policía Nacional ha declarado, confirmando mediante los recibos, «la compra excesiva» de laxantes, a veces hasta dos veces al día, durante el período en que Salvador estuvo ingresado. Además, ella enviaba a la asistenta con dinero en efectivo para adquirir más. También ha declarado que en las conversaciones telefónicas intervenidas, ella mostraba ser «muy amable», mientras que la acusada «nunca dijo la verdad» a sus amigos, y que durante el tiempo que Salvador estuvo hospitalizado, no pudo controlar sus cuentas porque no utilizó su teléfono.