Orwell: Un visionario (y VIII)

Con este artículo de opinión, daremos por finalizada la búsqueda de las enormes similitudes que existen entre la novela 1984, del escritor George Orwell, y la situación que sufrimos en nuestras carnes en este 2021. Recordemos que dicha obra fue publicada en el año 1949, lo que acrecienta, de manera profética, la visión que tenía del futuro el literato británico.

Una vez repasados los otros tres Ministerios que formaban el Gobierno de ese país imaginario, nos centraremos en el Ministerio de la Abundancia que es el último que nos queda por analizar. Menos mal que en ese Gabinete no estaban los Iglesias, Montero y Garzón; si hubieran formado parte de dicho órgano colegiado hubieran llegado a más de doscientos Ministerios.

Como ya habrá deducido el avispado lector, el nombre que adornaba dicho Gabinete era eso, un adorno, una mera patraña, una mentira. Se encargaba de planificar la economía, supervisaba el racionamiento de los alimentos, materiales de construcción y bienes de consumo, pero la población, salvo los políticos y enchufados de turno, no tenían acceso a dichos bienes.

Pero su verdadero objetivo era mantener un estado de perpetuación de la pobreza y la escasez. En colaboración con el Ministerio de la Verdad, convencían a la población de que estaban viviendo en un estado de prosperidad. Vamos, lo que están haciendo los lacayos de La Moncloa.

En el colmo de la manipulación más sofisticada, tenían un organismo de Loterías, en las cuales, previa compra del oportuno boleto, participaban obreros y proletarios con la esperanza de obtener alguno de los grandes y suculentos premios que anunciaban, sin saber que nunca les tocaría nada. El Ministerio de la Verdad publicaba, todas las semanas, los nombres de los inexistentes ganadores. Como cojan esta idea ya veo al Académico Garzón poniéndola en práctica.

Vamos a ceñirnos a las similitudes, corregidas y aumentadas, que podemos observar en los tiempos que vivimos y que dejan completamente empequeñecidas las distopías que imaginó Orwell.

Empezaremos por algo que, ni de lejos, pudo surgir de la mente del escritor británico y que es un auténtico canto a la maldad: La prohibición de trabajar. Esto supone, de facto, acometer diversas acciones al mismo tiempo.

Veámoslas. Si prohibimos trabajar no se gana dinero, ni se generan ingresos, pero, se obliga a los trabajadores a seguir pagando sus impuestos y el abono de todas las facturas. Si eres autónomo, sigues liquidando tus obligaciones con la Agencia Tributaria y la Seguridad Social. O sea que te van condenando a la miseria y al hambre.  Y dicen hacerlo por tu bien.

Si además perteneces a la hostelería, tu negocio te lo cierran, salvo que tengas la inmensas surte de que tu bar o restaurante esté instalado en el Congreso de los Diputados, en el Senado o en los Parlamentos Regionales, que puedes mantenerlo abierto ya que tienes la obligación de atender a los políticos. Imagino que esta decisión se ha tomado por considerar a ese colectivo de políticos como un colectivo vulnerable y en riesgo de exclusión.

Están diezmando y, lo que es más demoniaco, fomentando un genocidio del mismo nivel que hicieron en un pasado, no muy lejano, los grandes dirigentes del comunismo internacional. Recordemos, por ejemplo, las personas que murieron de hambre en la dictadura soviética en la época de Stalin, sobre todo en Ucrania, y que haría palidecer a los crímenes perpetrados por el camboyano Pol Pot, estimado en cerca de dos millones de personas.

Otra forma de proceder por los actuales Ministros de la Abundancia es fomentar el robo, asalto y violencia por parte de sus esbirros criminales a lo cual lo han llamado libertad de expresión. Con esto quieren demostrar a los ciudadanos que los derechos de su expresión son los más abundantes del planeta y, sobre todo, que es la abyecta policía fascista la que les quiere impedir sus derechos. Por cierto, la misma policía que defiende la mansión del Macho Alfa de Galapagar.

En una cosa tienen razón, la Abundancia está presente en los miles de enchufados que tanto usted como yo mantenemos, tanto en el Gobierno Central, en las Instituciones del Estado, en los distintos Reinos de Taifas que jalonan nuestro suelo patrio, así como en la infinidad de asesores, observatorios, chiringuitos y cuevas de ladrones que crecen como champiñones en España.

Y ningún partido tiene, ni de lejos, las intenciones de que esto dé un giro para salvar a los sufridos oprimidos por el Estado que ha hecho del latrocinio su «modus vivendi». A este despilfarro se unen, con gran deleite y ánimo, los mayores opresores de los trabajadores, los entramados sindicales, que chupan de la teta del Estado como si no hubiera un mañana y que comparten mesa y mantel con los medios de comunicación.

De momento, al único partido que se le oye estar en contra de esta oligarquía aberrante, es a los componentes de VOX. Son los únicos que abogan por disminuir los gastos a los mínimos indispensables y que defienden a capa y espada a los españoles, a la familia, a la Patria y a los valores que un día nos hicieron ser un ejemplo para toda la Humanidad.

Como todos ustedes conocen, está de moda la palabra sostenibilidad. Todo el que se precie debe pronunciarla en cada frase para demostrar que está al corriente de todo y que es un ser políticamente correcto. No cabe duda sobre el significado de la palabra. Las aberraciones que están cometiendo desde las esferas del poder son sostenibles, ya que ayudan a sostener el tinglado genocida y criminal que han creado.

Durante mis últimos artículos he intentado, no sé si lo habré conseguido, mostrarles cómo la distopía o la ciencia ficción (recordemos a Julio Verne) no están tan lejos de convertirse en realidad e, incluso, superar ampliamente los más disparatados relatos de sus autores.

George Orwell tuvo una ventaja innegable; había conocido el comunismo desde dentro y sabía de qué eran capaces. Vio, de primera mano, los crímenes cometidos por los sicarios de Moscú, y eso fue suficiente para transmitir al mundo, en forma de novela, lo que es el comunismo.

La Falsedad y la Mentira, junto con las más insidiosas faltas de respeto a la libertad y a las personas, unido al mayor de los desprecios a la vida y el culto a la muerte, son sus señas de identidad. No deberían olvidar, los más acérrimos admiradores del social-comunismo, que un gran número de víctimas habían sido descarnados sicarios y ejecutores de la doctrina de Marx.

Impidamos que 1984 se haga realidad en el 2021

¡¡VIVA ESPAÑA!!

Luis Andrés Cisneros

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