Palabras más, palabras menos

Palabras que se lleva el viento, palabras solo como pasatiempo.

 

En realidad, el título y la entradilla (aunque esta originalmente aparece siguiendo otro orden) los tomo prestados de una canción de los 90. Una, que se pone nostálgica de vez en cuando, pero no, no voy a hablar de música.

Lo que quiero comentar es lo curioso que me resulta el lenguaje, las palabras, cómo evolucionan.

Estoy pensando, por ejemplo, en palabras que significan una cosa y casi la contraria, como “sancionar”: por una parte, imponer una pena o sanción a alguien; por otra, dar validez a una ley o disposición.

También “fallar”: una primera acepción nos habla de decidir, determinar un proceso o concurso, mientras que una segunda, de no acertar, de equivocarse en algo.

Y otra, muy buena también, es “lívido”: o muy pálido o de tono morado.

Esta última me da pie también a acordarme de “libido” (deseo sexual), que tendemos a acentuar en la sílaba que no corresponde, añadiendo una confusión más a los dos sentidos anteriores.

¿Cómo distinguirlas? Pues por el contexto. No sé si habría algún caso en que ni el contexto ayudara a diferenciarlas; no obstante, me parece que tiene su gracia que sean tan dispares los significados de una misma palabra.

Aparte de la natural evolución de determinados términos, (para lo que habría que ponerse a investigar y deducir cómo han ido cambiando hasta llegar a esa casualidad), también está el natural “me suenan campanas y no sé por dónde” de las personas. Oímos una expresión, se pone de moda, y la soltamos sin ton ni son solo para dejar ver que tenemos nuestro aquel; esto pasaba con el “a nivel de” y “en base a…”, “pienso de que”. Nueva curiosidad, en relación a esta última: para no caer en el dequeísmo se tiende a decir ahora “darse cuenta que”, donde sí es necesaria la preposición (por eso lo de oír campanas y no saber por dónde).

Pero de entre todas todas hay una con la que no puedo, me supera, lo reconozco. Y es “detrás mío” o “delante mío” (debo decir que hasta el corrector del ordenador me lo sustituye mientras escribo por la acertada forma “detrás de mí” o “delante de mí”). Que esté la construcción “de mí” no quiere decir que indique posesión.

Realmente no sé de dónde vienen estas confusiones, si es por influencia de otras lenguas o por desconocimiento de la propia. Tampoco pretendo hacer en unas pocas líneas un tratado ni un manual; ni es el sitio ni soy quién. Es más, si se analizara este texto saldrían no pocos fallos o errores (por cierto, pido de antemano disculpas por el exceso de comillas y paréntesis). Son simplemente son reflexiones que me hago en voz alta, reflexiones que no van a ningún sitio más allá de un teclado.

Por cierto, para quien tenga curiosidad, la canción a la que hacía referencia es de Los Rodríguez. De nada.

Elena Rodríguez

Docente discente