Plata Guadiana. ( 2 )

Con la venia: Desperté el lunes a las 06.00h con una cruda king size blended matured. Se arregló la cosa con la formula DCCQ, a saber; ducha, café, cigarrillo, y quinto. Mano de santo.

 

Ya despejadito entré al taller, donde tenía en marcha un mural de tema amatorio, dispuesto a pincelar un rato. Se le dio brío a la tarea, retocando la curva de una espalda pendiente desde la anterior sesión. Corregido el arco lumbar a mi gusto, vi claro que para celebrarlo convenía liar uno de mis largos cigarros.

Pero ni tabaco ni papel estaban sobre la mesa donde los dejé. En otro episodio más de magia negruzca casera se esfumaron del mundo táctil, poniendo en solfa mi memoria visual. No era la primera vez que sucedía tal desaguidado. Mérdealórs.

Para remediar estos casos recurro al despego, levantando la nariz y poniendo cara de Amíqué. Así estuve unos minutos, silbando y mirando al techo además. Me valió madres. No se hicieron corpóreos los jodidos trebejos fumatorios.

Por si míraqué largué a la alcoba, directo a los bolsillos de mis livais, donde no había tabaco, pero hallé mi billetera. Me vino muy bien recordar que nadaba en plata, y que este raro caso conlleva hacer arqueo de cuando en vez. Ahorita mismo, por ejemplo.

Olvido la nicotina, recojo todo el platal, vuelvo al taller, y me pongo a recontar mis caudales. Están cabales. Hechos los apartijos obligatorios, acaricio lo gastable y, separando dos de quini que había solicitado en el banco los meto en una cajita de Simón Arzt, para esconderlos de mi vista, noseacosa. Que te tengo múcalao yo a ti, Manolico, hijo; que se te va la zarpa mucho, y luego te quedas salomónico tú, sin un guil, y…

¡¡ MANÓÓÓLO, QU’ESTÁ SONÁNDO’L TIMBRE CÓGNIO !!

Descuelgo el fono, escucho… y me recruje el yeyuno al enterarme de que tengo una cita, para este momento mismo, con la Güera de ojos zarcos que, invitada por muámême anoche, muy puntual ella, ha venido a ver mis pinturas. Sapristi.

Pulso el botón, franqueando el portal a la Güerita. Mientras la espero frente el ascensor veo la cajuela con los moraos, aún en mi mano. Tres pasos atrás. Puerta del taller. Ojeada. Lanzo. Avemaría. Plata fueravista. En recaudo. Buúf.

Sobre el desarrollo de aquella visita inopinada, no entraré en pormenores, y mucho menos en reduccionismos. Tampoco lo omitiré, por respeto a su belleza. Al vernos, reventamos en saludos, risas, charla, y cervezas. Luego de ver mis obras ella bromeó con posar, recostada en la Otomana roja, o sentada en el Manila. Lo hizo. Repenticé un par de apuntes que le gustaron. Naturalmente le fueron regalados.

Se rozaron los cuerpos, de manera poco casual, en la entrega de los dibujos. Todas las manos iniciaron búsquedas. Nos anudamos, dándonos alientos sin urgencias. Desabrochadas las celosías a besos, se dio paso a una luz más cierta. Con ella se esculpió un paisaje de dunas de carne amiga. Riendo juntos, estallamos, llorando de alegría.

A comer paramos en Ruiz Vila, donde Pedro-el-Rumano, que tan excelsas copas y tan selectos bocados nos disponía a sus adeptos. El vino estaba de primer tiempo de saludo, el tapiñe a juego. En cada brindis se dijo lo mismo: ¡¡ Por ti !!

Cerraba Pedro. Salíamos nosotros. La acompañé hasta la esquina de su elección. Nos dimos las gracias. Nos quitamos con un beso y un aleteo de manos. De camino a casa, vi que abrían un estanco para la sesión de tarde. Compré picadura, un rollo de esmoquin, boquillas del elefantito y, ya puestos en gastos, una bonoloto de máquina.

En el taller, encima de la mesa donde debían haber estado siempre, ya lucían el papel y el tabaco antes desmaterializados, lo que mereció mi desprecio, su exilio a un rincón, y el estreno de los nuevos suministros nicotínicos.

Sentado, fumando, mirando sin ver, llegó la propia bocanoche.
Apuré una copa por la vida y la salud. Otra por ella.
Ahora brindo porque vuestro septiembre sea suave.
Buenas noches.

B.S.R.
En el Yutús.
Pieza: Sodade.
Canta: Cesária Évora.
Atención especial al solo de guitarra.
Video oficial.

Manolodíaz.

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