Prima Volta ( y III)

Con la venia: Lluvia de marzo en la Puerta del Sol. Dos paraguas intentan esquivarse sin éxito y tropiezan. Se levantan ambas velas, las caras se enfrentan y...

 

-¿ Eres tu ? ¡ Cuantos años sin verte ! ¡ Lo menos cinco !-
-¿ Manolo ? ¡ Qué alegría ! ¡ Que bien te veo !-
– Yo a ti mejor, que estas gafas son nuevas y las acabo de limpiar –
– Tú siempre de broma. En serio, estás estupendo –
– Y tú más bonita que las monedas nuevas. ¿ Cómo te va ?-

Sacude la mano como si fuera a darme un guantazo, pero enseña un anular con alianza, y sonríe al completo.

-Ya ves, casada. Con Tito. ¿ Te acuerdas de él ?-

Y tanto que me acordaba. Como olvidar a semejante pezuño. El puñetero engreído, guapo de plantilla. Menudo pavo el Tito.

-Su padre tiene una constructora en Valencia, Tito trabaja en la empresa, y vivimos allí –
-¡ Que suerte tiene el Tito, me alegro por él ! ¿Tenéis familia ?-
-Para dentro de seis meses, en septiembre. Estamos muy contentos todos –
-Con motivos mujer, me alegra oír eso; y felicidades por la criatura, por supuesto. ¿Te puedo invitar a tomar algo?

Aceptó. Subimos al altillo del Virginia. El eterno y pacientísimo Tomás nos sirvió buen café y normales croissants. Intercambiamos bastantes Quésábesdé y varios Mecontaronqué. Reímos a poquitines, con los dientes justos y ni uno más.

De los tazas solo quedaban posos, y de los croissant apenas migas. La conversación, que también se hacía pedacitos, fue derivando hacia AquelDomingo.
-¿…y como esta tu familia, todos bien ?-
– Si, bien todos. Mis padres más mayores claro, pero siguen igual. A mi tía la operaron de la vista, y mis primos entraron a trabajar para Tito y su padre, o sea que bien todo…Oye, que sepas que me he acordado de ti muchas veces. Lástima que no saliera bien aquel día. Porque tu me gustabas mucho, ya lo sabes…-
– Era mutuo mujer. Pero a veces las cosas no nos ruedan como queremos…-
– Es verdad. Aunque fue una lástima –
-¡ Dímelo a mí ! Pero lo importante es que tu estás guapa, bien casada, bien situada, y vas a ser madre, y lo pasado pasó –
– Tienes razón Manolo…Oye, que tengo que ir a por un vestido aquí al lado, a Galas…-
– Sin problemas mujer. Yo también tengo que salir zumbando a la voz de ya. Pago y nos vamos en un tris –

Fue un tris y más de un tras, como toda despedida arenosa; pero, ( ¡ por fin ! ), ella marchó a su Boston, y yo a mi California.

Y así, queridos todos, cancelé la memoria amargante de AquelDomingo. Arrumbé los recuerdos del muy frío recibimiento que me hizo su madre, el muy gélido de su padre, la mirada fruncida y el olisqueo que me propinó su miope tía, y las gracietas sarcásticas de sus dos primos, ( un par de patudos cuellicortos ), mientras se tapiñaban los bombones del tirón, sin fórmula de juicio.

Olvidadas quedaron la visión del ramo que llevé, visiblemente abandonado en una mesa de rincón, así como también la gaseosa que llovió sobre el Saint-Emilión, o la humillante distancia máxima impuesta entre la moza de la casa y este humilde servidor vuestro.

Se difuminó el recuerdo del muy ominoso interrogatorio sobre mí, mis intenciones para con la niña, mi futuro previsto, ( ¿ Biólogo marino ? ¿ Y por eso te pagará alguien ? ), mi familia y sus pésimos orígenes geográficos, (Cartagena ¿eh?, gente de navaja, y monte sin leña, y mar sin pescao…), así como las miradas de reojo, las sonrisas burlonas, y algunos otros desagradables detalles que no voy a enumerar.

Abandoné todo recuerdo de aquel pésimo trago al despedirme de ella en la puerta de Galas. No la he vuelto a ver. Me perdoné con el bálsamo del olvido. Pero…esperad…me parece que estoy faltando a la verdad. No mucho, pero no os lo merecéis.

Os cuento; hay algo que nunca olvidé, y que aún tengo bien presente. Una tortura que acabó con la ilusión que me esforzaba en mantener, ( ¡Venga Manolo, que todo se arreglará! ), poniéndome a las patas de los caballos en cuerpo y alma.

Aquel día no me sirvieron, sino que me dieron con notable desapego, el peor, más oleoso, requemado, salado y ceniciento comistrajo que jamás había probado, al que llamaron paella, con el arroz pasado y reventado grano a grano, las verduras fibrosas, y las carnupias arrepezuñadas en unos huesos tristes. Por congraciarme, alabé el guisote y hube de cumplir con plato y medio nada menos, tonto de mí.

Gracias a Paco el taxista, que se presentó casi una hora antes, pretextando un viaje urgente a Valencia, la flatulenta sobremesa resultó corta, aunque igual de ácida en el trato. Allí naufragó mi enamoramiento, al imaginarme una vida repleta de tales paellas y con la tal familia.

Barajé como remedio el alistamiento en el Tercio, e incluso servir de marmitón en algún portaaviones de la flota húngara. Cualquier cosa, pero había que huir de aquel futuro. Cuando oí el motor del taxi vi el cielo abierto. Di las gracias, y salí de naja.

Me serené un tanto a bordo, aunque con los dientes bien apretados. Paco comprendió y prudente él, paró en el arcén me dio un trapo y me animó a descargar. Solté hasta el color de mi primer chupete, y la ponzoña allá quedó. No ha vuelto a crecer la hierba en aquel lugar.

Depositado en la casa familiar, el cariño y comprensión de mis deudos restañaron las heridas morales. Un consomé cartagenero, con yema y jerez, restauró mi ruina estomacal. En la noche, una poca sorna sí que tenía la almohada, pero me acogió y dormí como las notas del arpa de Bécquer, o más.

El lunes, por teléfono, su madre me comunicó la orden paterna de no vernos ni de lejos. Con lo cual este servidor vuestro, » prima volta » se quedó: compuesto, sin novia, con un mosqueo proboscidio, luciendo un despeinado horrendo esculpido a navaja, siendo el blanco de pullas entre los mozos, y poniéndose negro con las risitas de las mozas.

Ciertamente el Padre Tiempo con su devenir suavizó la terrible experiencia. La vida tomó rumbos nuevos, y años más tarde, entre el Virginia y la puerta de Galas, me premió con el perdón y el olvido de todo. Bueno, todo no. Paellofóbico acérrimo sigo desde entonces y para siempre jamás. Amén.

Banda sonora recomendada:
YouTube.
Beirut.
Ibrahim Maalouf
Official Music Video.

Manolodíaz.