Ripollés: Entrevista Íntima al Pintor. Capítulo 4 (final)

Toda la vida durmiendo una media de 4 horas diarias. Buscando siempre el momento de trabajar, pintar.

 

Ripollés: Entrevista Íntima al Pintor. Capítulo 1

Ripollés: Entrevista Íntima al Pintor. Capítulo 2 

Ripollés: Entrevista Íntima al Pintor. Capítulo 3

La pasada semana el artista Joan Ripollés nos abrió su corazón a temas muy personales; su relación con las mujeres y como, en todos los lugares en los que le han ofrecido la posibilidad de trabajar, nunca le han cerrado las puertas. A sus casi 90 años (4 septiembre de 1932), mantiene el mismo interés en la vida que cuando era un niño. Estas semanas Ripo, nos ha permitido a través de estas páginas de Castellón Diario, conocerlo un poco mejor y sobre todo, entenderlo. Este capítulo cerrará una parte muy resumida de su vida, momentos de cuando estuvo en París, de cómo volvió por sus hijas a España y de la gran relación de amistad que le une a personajes muy conocidos de la política española y de Castellón; como Alfonso Guerra, Carlos Fabra o la ya fallecida, «Duquesa Roja» (Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura). Ripo, también refiere a la actual alcaldesa de Castellón, Amparo Marco pues fue a su boda. En este último capítulo de esta selección, también nos habla de la única vez en su vida que ha sentido «angustia» y como la superó.

Ripo, buscabas cualquier momento para pintar cuadros. Aprovechando restos de pintura que quedaban de tu oficio de pintor de brocha gorda también en París. ¿Puedes aclarar cómo fue exactamente el tema de los cuadros debajo de la cama? 

Sí, sí. Aprovechaba los restos de pintura. Entré en una casa de l’Armée de Sant Louis, que son “los protestantes”. Ellos tenían una especie de albergue en el que podías entrar a las cinco y media de la tarde pero a las 9 de la mañana ya tenías que estar fuera. Podías entrar, cenar, dormir pero desayunar, no. Se pagaba un alquiler muy bajito pero no podías realizar ninguna actividad. Solo cenar y dormir.

Claro, yo fui a París por mi afición y pintaba en el albergue a escondidas. Pero me pillaron porque de vez en cuando pasaban revisión y me encontraron con el papel en donde estaba pintando en ese momento.

Me dijeron que no podía pintar allí que si no me tendría que ir y fue cuando me hice la estructura con cuerda para esconder los cuadros debajo de la cama.

Aprovechaba que la colcha colgaba y lo tapaba todo. Cuando oía pasos, quitaba el papel de la pared y lo guardaba planito ahí debajo. Llamaban a la puerta, te daban las buenas noches y se acabó. Unos segundos nada más.

En este lugar estuve aproximadamente un año. En ese tiempo ya hablaba bastante bien el francés, me defendía y busqué un realquilado en casa de una mujer que era una señora muy viejecita. Era viuda de un general del ejército francés. Con esa señora, alquilado estuve tres años. Esta señora falleció y tuve que cambiar de casa. Volví a estar alquilado 4 años más.

Fue en ese momento, cuando tuve la suerte de que vieran mi trabajo los responsables de una gran galería de arte, de las más importantes en aquel momento. Al ver mi obra, me preguntaron si estaba trabajando y respondí que sí. También me preguntaron si vivía alquilado y sí, contesté que sí.

Me dijeron que si estaba de acuerdo, empezaría a trabajar solo para la galería. Toda mi obra sería para la galería.

Claro, de la noche a la mañana empecé a ganar tres veces más de lo que ganaba con mi trabajo. Me dieron vivienda, un estudio y todo el material. Que por cierto, iba a comprarlo a la cooperativa que era específica para los artistas y los productos eran más baratos. Esta cooperativa tenía un convenio con diferentes galerías para que los artistas pudieran adquirir productos a muy bajo precio. Pero no era libre, solo era para artistas de ciertas galerías.

Con esto, lo tuve todo y cambió mi vida.

Aquí fue la única vez en mi vida en la que sufrí una situación muy complicada por la libertad del tiempo. Tenía el tiempo, al minuto, todo sincronizado y de momento, claro, solo tenía que pintar y hacer esculturas; lo que yo quería hacer.

Me sobraba tiempo y quería ocupar el tiempo y ahí tuve un problema que, aquí enseguida me hubieran enviado al psicólogo o al psiquiatra porque me angustié.

-¿Depresión?

Angustia. Y fuerte, porque lo que más me costó fue liberarme. No tenía ganas de leer y no leía. No tenía ganas de pintar y no pintaba. No tenía ganas de hacer escultura y no hacía escultura. Y, no tenía ganas de ir a ver pintura y no iba. Me decía a mí mismo: “Quiero estar como estoy”. “Quiero leer, pues leo. Ya has leído bastante, pues dibuja”. Era mi propia conciencia. Me decía, si no tienes ganas de dibujar, pues haz eso otro.

No podía, no podía. Tenía que hacer una serie de cosas que habían asignado para mi vida, me ponía a trabajar y no podía, no podía. No me salía.

Entonces cogía y leía pero leía y leía y me cansaba de leer. “Yo de leer, paso.” “Pues haz escultura”. Y todo me lo decía a mí mismo, con mi propia conciencia. Hasta que llegó un día que me dije,

No me levanto. Y me quedaba acostado. Y me decía a mi mismo: Y, ¿Qué vas a hacer? No tengo ganas de levantarme y no me levanto. Pues, lee. Cogía el libro con la intención de leer una hoja y otra vez. ¡No tengo ganas de leer, y no leo!

Tenía una lucha tremenda. Llegó el día que no tenía ganas de levantarme, no tenía ganas de leer. No tenía ganas de hacer nada y acabé diciéndome:

¡No tengo ganas de hacer nada!

Me costó mucho pero tuve la hombría, la valentía a partir de ese día de empezar a liberarme,  a reencontrarme. Fui equilibrándome de nuevo y empecé a medir el tiempo de otra manera. Cogía y me iba a ver exposiciones. Me planeaba la visita; tomaré el té. He sido siempre muy austero con la comida. Me tomaba un té, comía una rebanada de pan y me iba a ver galerías que abrían a partir de las diez de la mañana. Estaba tranquilo en el estudio y sobre las diez y media o las once, me iba a ver galerías con tranquilidad, a gusto. ¡Oh!, a ver un museo.

Pero esto lo conseguí cuando me liberé del concepto tiempo, y poco a poco cogía y me iba a ver galerías pero siempre que tenía ganas, solo cuando tenía ganas, si no, no iba.

Esas decisiones, tomar esas decisiones, me salvaron. Nunca en la vida he vuelto a sentirme así, nunca he sentido nada parecido. Solo esa vez.

-¿Esto que sería, la presión que recibiste? De estar a tu aire, con tu organización a que te impongan una serie de cosas que tenías que hacer, y eso que era dentro del mundo del arte. Cerraste incluso tu empresa en Castellón para irte a París.

-Sí, sí. Lo dejé todo para ir a París. Cerré la empresa con 21 trabajadores que tenía. Mi madre padecía porque claro, ¡el dinero! Pero yo cumplí con mi madre, le prometí que le enviaría dinero todos los meses y así lo hice siempre.

Nombrando a mi madre, tengo una anécdota de cuando me tenía que casar. Un verdadero sainete valenciano. Para desternillarse de risa. Mi madre no quería que me casara. Primero porque me fui a París. Me casé a los 21 años, pues hasta los 28 años, que estaba en París, estuve dándole el sueldo a mi madre. Le daba un sueldo de jefe. Claro, allí ganaba más dinero y se lo podía dar.

Cuando me tenía que casar a los 21 años,  mi madre pensó que se quedaría sin sueldo. Mi madre era muy ahorradora.

(Ríe)

¿Sabes cómo se las inventó? Pues se fue a la madre de mi novia y le dijo que yo no tenía lo que tenía que tener. Como a que “no tenía lo que tiene un hombre”. Que no me podía casar porque sería un desastre. Claro, la que después fue mi suegra me cogió por banda y me dijo, Juan, mira, a mi hija que no le falte de nada. Y, le decía, tranquila que me van las cosas bien y no le faltará de nada. La mujer insistía, en que una mujer tiene unas necesidades y finalmente, entendí que algo raro pasaba. Porque llegó a decirme que,

Un hombre tiene que cumplir, las mujeres también necesitan.

Claro, entre que no hice boda y vestía como vestía pues la mujer con lo que mi madre le dijo creía que yo no “cumpliría”. Yo llevaba el pelo largo con la barba y como vestía ya desde pequeñito, era raro. La cuestión es que, para que la mujer llegara a preguntarme si tenía lo que tenían todos los hombres; yo pensaba que se refería a tener “cojones”  para la vida.

Dio muchas vueltas hasta que lo entendí porque ya fue muy clara, refiriéndose directamente a si tenía o no miembro viril.

(Risas)

Por aquellas épocas, festejábamos a las novias en casa, con la madre delante pero siempre había un momento para darle un zarpazo. Y claro, yo a su madre no le podía decir que su hija y yo hacíamos algunas “cositas”. (Risas) Estuve a punto de decirle: “Señora Pepa, pregúntele a su hija si tengo o no lo que tienen que tener los hombres”. Pero no podía ser, aunque estuve a punto.

-¿Cómo lo supiste que eso se lo dijo tu madre?

Me lo dijo ella. Me dijo que había ido mi madre a hablar con ella y le dijo que yo no tenía lo que tienen los hombres entre las piernas. Con el tema de la boda, no hice boda. Era raro para la época. Hice una comida en la que vino Wenley Palacios, el padre. Era muy amigo mío, era un hombre muy culto. Era un poco mayor que yo, pero poquito y me quería mucho. Teníamos mucha amistad y lo invité a la comida. Éramos solo, la que ya era mi mujer, la madrina, el padrino, la hermana y su marido, el hermano y su mujer y la madre y el padre de mi novia. De mi parte no vino nadie más que Wenley Palacios.

Mi madre no dejó venir ni a mi padre ni a mi hermano. Les dijo: A la boda, no va nadie. Ella era la que mandaba y no vinieron.

-Tu madre, claro, tampoco fue.

No, no. De mi parte no vino nadie. Estuvimos en la calle Mayor que había un fotógrafo “Wamba” y él, en la calle San Vicente tenía una planta baja, pues ahí celebramos la boda. Ni en un restaurante ni nada.

-Adelantado a tu tiempo hasta con la boda. Entonces, estando en París, ¿ ya estabas con tu primera mujer, Roseta?

Cuando me casé ya llevaba 4 años en la galería de París. Roseta era de Castellón que por cierto, por una serie de cosas, tuve una reunión con la alcaldesa de Castellón.

-¿Amparo Marco?

-Sí, sí, la alcaldesa, Amparo Marco. Pues tuvimos una reunión por unos temas y aprovechó y me dijo que si no me acordaba de ella. Y le dije, sí, yo sé que eres mi alcaldesa, mujer. Y ella me decía, no, pero no por eso. Entonces, me pregunto, ¿Tú, dónde tenías la novia? Pues, en la calle Caperó, le contesté. Y, ¿La panadería de la calle Caperó, te acuerdas? Porque yo vivía a 4 puertas más allá de Rosita con mis padres.- Me dijo.- Era muy pequeñita. Luego, me explicó que también estuve en su boda y la verdad me sorprendí porque nunca voy a las bodas pero me contó que fue en Betxí y me acordé porque yo fui a la boda por la parte de su marido que es amigo mío. De las pocas bodas a las que he ido. Ya ves, éramos vecinos de pequeñitos.

-Ahora lleva mucho trajín, ella y todos los que se dedican a la política. Da igual los que estén gobernando, llevan trajín con todo lo que tienen que hacer y con la oposición.

-Sí, sí. Es una vida muy dura. Al final los queman, la política es muy dura.

-Volviendo a París, ¿Por qué regresaste a Castellón?

Por mis hijas. Siempre he tenido la cabeza bastante organizada y Roseta, era muy buena chica pero ciertas cosas no las pensaba.  Se creó la siguiente situación: Teníamos dos niñas pequeñas que tenían que empezar a ir al colegio. Si empezaban el colegio en Francia, si estaban un par de años, no pasaba nada pero si seguían más tiempo, hubiera llegado un momento que desplazarlos sería un problema. Después si estudiaban y asistían al colegio en Francia, aprenderían la cultura francesa y serían francesas pero no serían españolas.

Tuvimos que decidir si nos quedábamos y las niñas se criaban como francesas o nos volvíamos con los abuelos y que aprendieran la cultura española.

A Roseta le expliqué que yo igualmente en España tenía que hacer y seguir mi camino trazado y que estaba desarrollando. Tenía que seguir la misma marcha pero si las niñas estaban allí, uno de los dos tenía que hacerse responsable de estar encima de ellas. Había que pensarlo. Podíamos estar igual en España que en Francia pero lo teníamos que decidir nosotros. Le dije que,

Estaba dispuesto a adaptarme a la necesidad que ella me marcara pero, que tenía que saber que no podría estar continuamente con ella y con nuestra hijas. Yo tenía el camino trazado y tenía que estar en ello.

Hoy en día, es distinto pero entonces eran los principios, no tenía esa situación que tengo creada hoy en día. Hoy en día sí que me puedo ir a dónde quiera pero en aquel entonces tenía que estar ahí. Pues, Roseta me dijo, que nos volvíamos. Y nos volvimos a España pero yo necesitaba ir a otro sitio de España porque había una parte que no conocía y la quería conocer.

Le expliqué que me iría a echar un vistazo para ver cómo estaba todo y decidiríamos. Me fui a Andalucía.

Y de verdad, que he tenido mucha suerte pero por las circunstancias. Cuando estaba en París, entré en la inquietud de aprender, de conocer, de saber; ambiciones de joven. En ese momento, ya tenía una situación cultural buena y empecé a conocer a personas, entre esas personas, interesándome por los problemas de España, conocí a los refugiados políticos.

Entré en contacto con gente del gobierno en el exilio. Eran personas republicanas. Eran una gente que me sorprendía la cultura que tenían y como enfocaban la situación de España. Me interesé por la política.

Cuando me fui a Andalucía, eran años de mucha pobreza y al llegar a Sevilla empecé a hacer contactos en la cultura de Sevilla. Como venía un poco politizado de la situación española, al entrar en contacto con la parte cultural contestataria y no contestataria de Sevilla, fui un punto atractivo en todo ese mundillo cultural,

Era uno que venía de París y que vivía de ser artista.

En ese momento en Sevilla no había artistas que vivieran a ese nivel que yo tenía de París que iba y venía. Claro, veían que venía de pintar solo y pensaban que era un tío que tenía poder de atracción. Íbamos a un bar que se llamaba “La Granja”, allí nos reuníamos los más contestatarios porque yo,

Automáticamente, muy rápidamente, me decanté por los contestatarios; no por los del sistema, me aburrían. Estaban siempre fuera de los problemas. No estaban vivos.

Estaban dentro del mundillo de lo oficial y yo llevaba la cosa de la democracia francesa. Que ya eran años los que llevaba. Y, el contacto con los políticos en el exilio y sobre todo el gobierno que yo tenía. Yo tenía entrada y salida porque, también era un chico que era español y eso que dice la gente. “Triunfa en París”. Tonterías pero bueno; que vivía de ser artista.

-Eso es un triunfo. Vivir de lo tuyo, de tu pasión.

Bueno, en Sevilla, sin quererlo, sin hacer nada, tenía voz. Me escuchaban. Venían.

Yo era un hombre distinguido en el mundo cultural y ahí entré en contacto con los políticos clandestinos.

Y de ahí, cuando vino Alfonso Guerra a Castellón el año que subieron y todo eso; aquí había un alcalde socialista. Félix, un hombre que había estado 8 ó 9 años trabajando en Alemania y este hombre era socialista y tenía una mentalidad muy distinta a lo que hay por aquí. Este señor, tenía bastante amistad con Lerma, el que fuera presidente aquí en la Comunitat. Cuando estaban haciendo la campaña de las elecciones, vino Alfonso Guerra a dar un mitin  a Castellón en la Pérgola y con él es mucha la relación porque teníamos mucha relación en Sevilla. Fui una persona influyente en la cultura de Sevilla.

Cuando Alfonso Guerra vino a Castellón, le dijo al que era alcalde, Félix, si por favor me podía llamar para que fuera a verlo que me quería saludar, que él sabía que yo estaba en Castellón. Que hicieran lo posible para que fuera a verlo el día del mitin.

Unos días antes del mitin, se pusieron en contacto conmigo explicándome el interés que tenía Alfonso Guerra en saludarme y que fuera a verlo. Yo estuve calladito porque en ese momento era un hombre clandestino. Y por eso callaba. Bueno, finalmente fui pero llegué un poco tarde y aún así, Alfonso Guerra todavía no había llegado. Estaba todo lleno de gente, lleno, lleno; por dentro de la Pérgola y por todas las calles de alrededor.

Lo que hice fue quedarme por la parte de fuera y no sé cómo, se enteraron de mi llegada; en un momento determinado, antes de que llegara Alfonso, apareció un hombre que me dijo:

Señor Ripollés, acompáñeme que está a punto de llegar el señor Alfonso Guerra y lo quiere saludar.

Yo no quería ir a ninguna parte, le decía que ya estaba bien allí pero insistió en que fuera con él al escenario. Claro, yo le decía que no había necesidad de hacerlo que me quedaba donde estaba y escucharía el mitin y luego me iría.

En ese momento, empezó a sonar la canción de la campaña electoral y seguí al hombre pero era tanta la gente que había que cuando llegué, Alfonso ya estaba en el escenario. Me hicieron subir la escalera y cuando Alfonso me vio empezó: ¡Ripo! ¡Ripo! Y me dio un abrazo muy emocionado. Estábamos los dos muy emocionados, la verdad. Ya se había anunciado que iban a ganar la campaña, estaba claro.

La amistad que tenía con él era porque habíamos luchado mucho; pero no sindicalmente, si no, culturalmente.

-Qué curioso, Alfonso Guerra, socialista y a ti, aquí en Castellón se te ha relacionado, hablando de política, con la derecha.

A mí me da igual. Si yo hubiera querido ser concejal, sería concejal; ahora no, pero hubiera podido ser concejal en aquella época de los socialistas. Hubiera sido concejal.

-Es muy curioso lo que dices, sinceramente, a ti te relaciono más con el socialismo por cómo eres, por como vives, la manera que tienes de verlo y vivirlo todo. Eres un transgresor.

Conmigo se han hecho muchas injusticias. Tendría mucho que decir.

-Creo que todo viene por la relación que siempre has tenido con Carlos, Carlos Fabra.

(Se pone muy serio)

A Carlos, lo conozco desde que iba a cuatro patas, que aún tenía la vista perfecta, la desgracia ocurrió después. A cuatro patitas lo conocí porque yo era pintor de brocha gorda y yo iba a pintar a casa de los padres de Carlos. Y no sé porqué, hemos mantenido siempre la amistad con la familia. Su padre me apreciaba muchísimo. Siempre he tenido amistad con esta familia. Siempre.

-Ya ves, lo que son las cosas.

Pues, ahora verás. El día que Alfonso Guerra me dio el abrazo, luego toda la prensa sacó la foto del abrazo:

Ripo y Alfonso Guerra.

Y dos o tres días después, Carlos, Carlos Fabra, daba un mitin en el Teatro Principal de Castellón. Carlos estaba en la misma puerta del teatro y yo fui a escucharlo. En ese momento vino Campos, un hombre que fue vicepresidente de la Generalitat y segundo jefe de aquí de Castellón; pues se me acerco para decirme que,

No te acerques a Carlos Fabra porque está encendido contigo por el abrazo de Alfonso Guerra.

Pues le dije, mira, Carlos es amigo y Alfonso es amigo y Alfonso me abrazó porque es amigo. El caso es que no me arrimé, me quedé por fuera con el resto de la gente pero Carlos me vio y se acercó. Mientras lo veía venir, pensé:

Ahora viene a pegarme la bronca.

Me encaminé también hacia él. Nada más me tuvo delante dijo: ¡Ripo!, me dio un abrazo y me dijo:

Te han utilizado, ¿Tú no has visto que te han utilizado con ese abrazo?

¿Qué quieres que haga, Carlos? ¡Caramba! Si me dan un abrazo. Entonces, Carlos me dijo:

Y, ¿Ahora vienes a verme a mí? Hombre, claro que sí-le dije- ¿Por qué no? Y me contestó: ¡Pero si tu eres rojo!

(Risas)

Le dije, mira Carlos dejémoslo estar. Pero, ¿Vienes a escucharme? Me preguntó y le contesté que claro que sí. Él quería que entrara dentro pero yo prefería quedarme por allí para escucharlo igual. Al día siguiente todos los periódicos, toda la prensa en titulares:

El abrazo de Ripo con Carlos Fabra.

Cogí el teléfono, llamé a Carlos y le digo:

Carlos, estuviste brillante, puedes estar muy contento; pero te has aprovechado de mí.

¿Cómo que me he aprovechado de ti? Me contestó. Sí, sí, le dije y además le añadí: “Me has utilizado”. Entonces Carlos me contestó que él no me había utilizado, que habían sido los fotógrafos y los periódicos. Él no. Pues yo tampoco. (Risas)

-Que historia más bonita. Lo que has contado lo equilibra todo mucho.

En aquella época, podía decirle: “Alfonso, tengo ilusión de ser concejal de Castellón”. Y hubiera podido ser concejal porque el que montó todo el movimiento social –cultural en Sevilla, fui yo, Ripo.

Tuve un aborto político que fue la duquesa roja.

La “duquesa roja” es hija espiritual mía y en la manifestación de Palomares cuando la bomba famosa de Fraga, aquella manifestación la organizó “la duquesa roja” porque se lo pedí yo. Pero la traicioné, no fui. La traicioné porque le aseguré que iría a la manifestación pero si iba, a mi me doblaban porque yo no vivía en Palomares. Ella podía porque, era propietaria en Palomares. Pero no podía entrar ni salir ningún vecino. Yo no podía presentarme en la manifestación de Palomares, no podía entrar. Y la encerraron, estuvo 3 meses encerrada.

Cuando salió, fui a visitarla y le dije:

Vengo a que me pegues dos hostias políticas por traicionarte.

Pero ella ya había aprendido un poco allí y me dijo, “Ripo, hiciste lo que te tocaba hacer”. Le expliqué que yo no podía ir porque era “un denunciado”, no era vecino, no tenía ninguna propiedad. ¿A qué iba yo a la manifestación? El caso es que seguimos la amistad hasta que murió.

De hecho, una de mis parejas, Ineke, la holandesa. Siempre quería que fuéramos a visitarla porque vivía en un palacio, la duquesa, y a Ineke le gustaban mucho esas cosas; a mí no. Me parecían interesantes pero ya está. Tuvimos mucha amistad igualmente con la duquesa, mucha.

Mira, la primera persona en leer el libro de la huelga, fui yo y le dije que aquel libro no lo debía de publicar porque literalmente es una porquería y no es más que política, que no es una política representativa. Eres muy tendenciosa y eso no vale. Como eres duquesa te permites poder hacer cosas que no son de verdad y no está bien. Le comenté. Pero ella me dijo que se iba a París porque quería que se lo publicaran los comunistas.

Fue cuando le dije, pues ves a Carrillo que él te lo publicará y sí, Carrillo se lo publicó. Claro que se lo publicaron, los comunistas pero, ¿De qué le iba a valer eso?

-Por el interés te quiero Andrés.

Sí.

-Me sorprendo bastante con estas historias porque, tú eres artista, no es lo normal que un pintor esté tan involucrado en estos temas sociales y políticos.

Soy uno más de la tropa.

-Eres muy polifacético. Pongamos de ejemplo un músico; hace música pero tampoco se involucra en según qué temas socio-políticos.

Depende del músico. Los hay que viven en su castillo de papel y están bien y hay otros que son de más dimensión, abarcan más cosas y se preocupan de más cosas que otro. Eso depende de cómo te hagas la vida. Tengo una vida muy llena, porque me la he llenado.

Tengo mucha ilusión en la vida porque como me la lleno tanto, tanto, tanto, que el estomago del cerebro tiene que hacer la digestión y por eso aún estoy con ganas de tiempo.

Ω

Hemos estado cuatro semanas descubriendo partes de la vida de Joan Ripollés, el artista, el maestro, el beato, el amigo Ripo. Anécdotas que ponen de relieve aspectos de su vida que a más de una y a más de uno, a buen seguro que les han llamado la atención. Ha sido un verdadero placer hablar, charlar con un ser con tanto bagaje y contenido espiritual. Sin lugar a dudas, Ripollés deja huella. ¡Gracias, maestro!