Sin frenos

En este país tenemos la costumbre de no frenar a tiempo cuando iniciamos carreras ideológicas mediáticamente impuestas y cometemos el error, muy a menudo, de llevarnos por delante todo lo que pillamos.

La sectaria imbecilidad del cordón sanitario ha llevado al acoso y expulsión de clase, un ¡hurra! por el profesor, de una niña en Málaga que llevaba una pulsera de VOX con la bandera de España. Curioso que esos mismo profesores permitan banderas pidiendo libertad de presos, expliquen en clase como natural alianzas con partidos formados por asesinos terroristas y hagan la vista gorda cuando sus alumnos visten camisetas con las imágenes de conocidos genocidas y homófobos asesinos.

Pasa lo mismo con el afán republicano, tan anticonstitucional como la bandera española con el águila de San Juan que ellos tanto persiguen, pero claro una cosa son los pecados de la izquierda que violan nuestra Constitución en nombre de la libertad que reprimen y otra muy distinta los cometidos por la derecha del otro lado del cordón sanitario, de risa.

No tienen freno ni en lo referente a la mal llamada violencia de género, ya se oyen voces pidiendo la castración de todos los varones y la supresión de todos sus derechos constitucionales.

Defienden hasta hacer el ridículo la apertura de fronteras, la sanidad universal, el efecto llamada y esa estupidez de la multiculturalidad mientras miran para otro lado en  las casi diarias violaciones y agresiones de inmigrantes ilegales a jóvenes de cualquier punto de nuestra geografía. Es más importante respetar al agresor que la seguridad ciudadana y la integridad física de nuestras hijas que salen a la calle a diario con el miedo en el cuerpo.

No  tenemos freno ni para las naranjas. Es evidente que nuestros cítricos necesitan ayuda y protección, que el Ministerio de Agricultura debiera tomar medidas urgentes para salvaguardar los intereses de nuestros agricultores, pero de ahí a dejarse engañar y manifestarse en las puertas del Puerto de Castellón donde no entra una sola naranja extranjera en toda la campaña citrícola y donde las pocas que llegan, fuera de temporada y en contados contenedores, no provienen ni de Egipto ni de Sudáfrica, más bien de países suramericanos, hay un abismo. También a los sufridos agricultores les venden lo que les da la gana.

Lo dicho, no tenemos freno.

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