The Ingenious Gentleman Don Quijote of La Mancha

Luis Andrés Cisneros

Si Miguel de Cervantes publicara en nuestros días su obra universal, le hubieran prohibido titularla, y hasta probablemente escribirla, en español. Hubiera tenido que plegarse a usar el idioma de la Pérfida Albión que es lo que prima en estos momentos.

Como mucho, hubiera podido titularla en vascuence, catalán, gallego, bable, panocho, andalusí, valenciano, mallorquín, leonés, fabla aragonesa, leonés, y así hasta el infinito. Una ventaja hubiera podido tener nuestro ilustre escritor, se hubiera forrado a subvenciones.

Tiempo tendremos para hablar de la persecución genocida que está sufriendo nuestro idioma en su propio país, protagonizada por las lenguas que los habitantes de España se ven obligados a estudiar y usar por imposición de los políticos del lugar que, a su vez, les permite seguir disfrutando del dinero de nuestros impuestos. ¡La gran bicoca!

Pero centrémonos en el inglés. Sí, ese idioma que, curiosamente, es el oficial en la Unión Europea, cuando sólo 5 millones de europeos, radicados en Irlanda, lo hablan sobre un total de 447 millones de personas que componen el ente europeo. Esto es lo que se llama imposición por las bravas.

Las palabras en inglés han invadido nuestra vida cotidiana. Se podría entender si dichas locuciones no tuvieran su equivalente en español. Veamos un ejemplo: las promociones o eliminatorias de ascenso o descenso en las competiciones deportivas ya no existen, ahora todos los equipos de fútbol, baloncesto o cualquier otro deporte compiten por clasificarse para un «play off».

Para poder ver una película tanto en el cine como en las televisiones y las plataformas existentes, hay que ser un auténtico experto en lengua británica ya que los títulos no se traducen al español. Hay que saber inglés por gónadas. Lejos queda aquella película que, cuando se estrenó se titulaba «La Guerra de las Galaxias» y acabó siendo «Star Wars».

No hace mucho tiempo de ello todos los artistas y cantantes que triunfaban con canciones en anglosajón no tardaban mucho tiempo en grabar los mismos discos en español, recordemos a ABBA que lo hicieron con muchos de sus mejores canciones. Había excepciones como «Los Beatles» o los «Rolling Stones».

Lo mismo ocurría con los cantantes franceses, como Salvatore Adamo o los italianos como Nicola de Bari, y si había alguno que no versionaba su gran éxito, siempre aparecían distintos intérpretes patrios que lanzaban las canciones en español.

Ahora se hace difícil, por no decir imposible, poder visionar algún anuncio de colonia o perfume que no esté íntegramente hablado en inglés, o sea que para poder comprar un perfume y saber sus cualidades o propiedades, debes tener un grado de inglés elevado.

Y no digamos nada si se trata de anuncios de coches. Como mínimo el eslogan que identifica a la marca o modelo del vehículo tiene que figurar en británico, lo que según sus fabricantes le da un plus de calidad, robustez y auténtica idiotez.

Donde se llegan a alcanzar cotas de auténtico desprecio al español es en las cadenas de televisión. Ahí hacen el más difícil todavía. Desde los informativos (todos ellos manipulados), pasando por las tertulias y acabando por los distintos programas, todo ello es un canto de gloria y loor al idioma anglo-useño   que domina el panorama mundial.

En los informativos, la mitad de las palabras son inglesas, en las tertulias los participantes compiten a ver quien suelta más «palabros» en inglés o bien usan menos el español. Y no digamos nada de los nombres de distritos programas, donde ver un título en español es labor de titanes.

Empezando por «First Dates» hasta llegar a «Got Talent» podemos encontrar un recorrido por la lengua de Shakespeare digno de un alumno aventajado. Y no digamos nada de los nombres de las cadenas de televisión.

Veamos BeMad (pronúnciese BiMad), Disney Plus (pronúnciese Disney Plas) y así hasta el infinito. Ahora ya no se hacen retransmisiones, se hace un «streaming». En algunos concursos no hay preparadores o entrenadores, hay «coaches». Y para colmo de colmos, no se acosa a la gente, se hace «bullying»

Todo esto ocurre por la presión asfixiante de los estadounidenses que son los que, de momento, imponen su dictadura comercial y lingüística por todo el orbe y aquí han encontrado la facilidad de un país convertido en Torre de Babel por la avaricia y latrocinio de los dirigentes.

No es fácil encontrar algún estado en el mundo, donde el idioma oficial, que hablan más de 500 millones de personas, esté prohibido estudiar en ese idioma en varias regiones del mismo país.

Tomemos como ejemplo lo sucedido con el alumno Andy Costa que está siendo acosado y expulsado de un centro de FP por pedir hacer los exámenes en español. Es para meter en la cárcel, sin juicio previo a estos genocidas lingüísticos de la Región de Valencia. Si el «Alopécico de Morella» chupara algo por hacerlos en español, el problema estaría arreglado.

Volvamos al inglés, al paso que vamos, dentro de poco el español estará completamente marginado de todos los aspectos sociales de nuestras vidas. La culpa será nuestra. Tenemos que defendernos ante este auténtico holocausto idiomático. La culpa no será de quienes nos atacan, la culpa será de los que no hacemos lo suficiente para defender a nuestra lengua.

Mientras tanto, los genocidas lingüísticos de nuestra región, entre otros, se frotan las manos de felicidad, el inglés les está ayudando en su objetivo de asesinar al español. La Asociación «Hablamos Español» está luchando con fuerza para evitarlo.

Hay que apoyarla, aunque el «Alopécico de Morella» y su escudero «Sancho Marzá» estén disfrutando, de momento. Cuando el globalismo inglés quiera, irá a por el resto de las lenguas que les impiden su dominio del mundo. Será cuestión de tiempo que los que hoy ríen, mañana sufran el acoso.

Si no defendemos nuestra lengua, estamos dando la primera palada para cavar la tumba de cientos de años de historia y de los sacrificios de millones de personas que hicieron grande a España. No podemos traicionar a tanta gente.

Y hoy más que nunca, acabemos con las autonomías antes de que ellas acaben con nosotros y, de paso, acabemos con las subvenciones que nos están llevando a la ruina.

¡¡VIVA ESPAÑA!!

Luis Andrés Cisneros