Un abrazazo

Con la venia: Reconozco su voz en la cola de una farmacia. Habla claro y rotundo, con el puntillo enrabietado que le es propio. Os contaré algo dél.

 

Invierno del 70. Mañana de domingo. Las dos primeras parejas de recién casados por el método penalti se citan, también esta semana, para las 11.00h, en el Kiosko del Real. La excusa es celebrar nada, beber un poco, charlar de sus rorrós ellas, de sus curros ellos.

Con la segunda ronda se pide también el favor de sonar, en el tocadiscos del bar, un LP que se trajo al efecto. Pronto, unas cuerdas metálicas presentan el tema. A poco, la percusión más endiablada entra, con eficacia y limpieza, apoyando escalas punzantes, frases sugerentes, estallidos exactos. Aquello burbujea, sube, canta, ríe, va a más. Mola mil.

En mesa próxima, unos jóvenes piulan de lo suyo. Entre ellos, un rubio, delgado, de cara afilada, nariz valiente, inquisitivos los ojos, escucha atento la música, sin perder ripio.

Se acaban copas y notas. Las jóvenes mamás toman de nuevo el pleno mando familiar, empuñan los janés con sus criaturos dormidicos dentro, y determinan marchar. Los dos cabezones de familia acatan la orden, naturalmente.

En la puerta estamos ya cuando, muy educado, me pide el joven rubio saber que música era aquella. Le digo que son ragas, interpretadas por Ravi Shankar. Da las gracias, y asegura que es una música interesantísima. Así nos conocimos.

Año 85 o por ahí. Piso sexto sobre la Guagua. En la sala grande, una docena larga de colegas, estamos viendo en pantalla el más famoso concurso musical del momento. Es el turno de un Rubio muy tranquilo. Le preguntan el título de la película en la que Al Jolson cantó, por primera vez en la historia del cine sonoro. Se le arrepezuña la expresión al Rubio. Todos en mi casa le bramamos: ¡¡¡ ELCANTORDEJÁÁÁÁÁZZZ !!! pero no nos oye, y pierde los los cinco puntos. Rabia general en la mi sala.

En su turno siguiente solicita el mozo una pregunta del máximo puntaje. El patilludo presentador de sonrisita sarnosita, le asegura que en muy lejana fecha un desconocido grupo, ( de las islas Feroe o así ) grababa un single cuando el batería se les puso malito y, a falta de mejores, un boer que pululaba por el estudio se tuvo que hacer cargo de las baquetas: ¿ Nombre del sustituto ?

El Rubio mira a la cámara, abre la boca, y pronuncia unas sílabas que son la respuesta correcta. Los colegas berreamos de contento. En pantalla el presentador vocea: «¡ Lo adivinó !». Salto y retruco: «¡¡ No lo adivinó. Lo sabe !!».

A posteriori me enteré de su queja a la dirección del programa, alegando que la primera pregunta era sobre cine, y no de música. Yo lo hubiera apoyado ante el Supremo. Así nos entendíamos.

Baste con estas dos anécdotas para hacer un trazo rápido del personaje, muchísimo más rico en carácter y modos de lo usual en estos pagos.

Por darle luces y sombras a su dibujo añadiré que es inclonable, defensor de su privacidad, prudente, divertidísimo a veces, atrabiliario otras, correoso pero elástico. Conoce tanto la derrota como el éxito, tratando a ambos con aceptación, sin alardes, en una especie de estoico despego.

Sobrevivimos juntos a experiencias espeluznantes, sabrosas, comprometidas, de las que no aceptaríamos hablar en público ni con la asistencia del mejor abogado que tenga en sus filas el Vaticano. También hemos disfrutado copas de Lachryma Christi blanco, Montepulciano tinto, y Fondillón de seda, conversando sobre los aspectos más relevantes de la vida, la belleza, y el arte.

Es, para mí, un ejemplo de tenacidad y rigor vocacional. Ni que decir tiene que lo admiro. Al calor del encuentro, con la profunda alegría de verlo resistir, sabiendo que pelea el día sin desmayo, quiero hoy hacer patente mi cariño y respeto por don Miguel Ángel de Villanueva y Caballero.

Nota aclaratoria: Como habita entre nosotros el aludido, comprenderéis que estas líneas no son un homenaje. Muy al contrario; son un abrazazo vivo, crujiente, feliz.

Buenos días.

B.S.R.
Buscad y hallaréis.
Álbum: The exciting music of Ravi Shankar.

Manolodíaz.