Ver, oír y escuchar

Que todo salga bien en nueve días de fiestas y con cientos de actos programados sería un milagro. Quiero dejar esto claro por si alguien ha interpretado que alguna de mis críticas a la organización de fiestas tiene algún oscuro objetivo y no es capaz de entender que lo único que me mueve es aportar mi granito de arena para que las cosas, si es posible, se hagan mejor.

Somos muy dados a pensar lo altos y guapos que somos sin jamás hacer autocrítica y así nos va.

Ayer miércoles me acerqué al recinto ferial para ver actuar a Café Quijano. Sí, han entendido bien, para ver, porque escuchar algo era casi imposible. En la mayoría del recinto, delante del escenario, se oía más el ruido y la música de la feria que al grupo de los leoneses hermanos Quijano.

Me dirán que la feria tiene sus derechos, no lo niego, pero creo que hay que tomar una decisión, o durante los conciertos se silencian las atracciones de la feria o los conciertos se trasladan de sitio. No es justificable de ninguna manera que se haga el esfuerzo económico de traer una actuación de la talla de Café Quijano y que te tengas que marchar porque el ruido y la música de la feria hacía inaudible   la música del grupo. Hay una gran diferencia entre oír y escuchar y lo del concierto de Café Quijano daba pena, aún no me explico, supongo que por la letra pequeña del contrato, como no se negaron a actuar.

Un concierto para ver algo, oír poco y escuchar nada.

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