Y nadie habla de la capa de ozono, pero si de las emisiones de CO2

David Muñoz Pérez

Las últimas investigaciones realizadas en el campo del medio ambiente contradicen muchas de las “verdades” impuestas por la nueva religión climática. Es fundamental tener en cuenta que, en materia de ciencia e investigación, la imposibilidad de debate y discusión conduce a las creencias absolutas y a una profunda ceguera.

Durante décadas, el debate en materia ambiental se centraba en el agujero de la capa de ozono, el deshielo producido por éste, y la absoluta destrucción del planeta por la contaminación humana al evacuar a la atmosfera clorofluorocarbonos (CFC), que se usa en aerosoles y dispositivos de enfriamiento. Fue un descubrimiento de la década de los años 80, y supuso una proliferación de estudios que alumbraban argumentos catastróficos para el planeta y la vida existente en él.

Los estudios realizados en la actualidad, indican que las actuaciones llevadas a cabo a partir de finales de los años 70, con la disminución del uso de aerosoles o eliminación gradual de productos químicos, han conducido a manifestar altos niveles de salud de la capa de ozono. Estos estudios indican, además, que el agujero de la capa de ozono se abre en invierno y vuelve a cerrarse en verano, con la previsión de que en varias décadas la capa de ozono volverá a niveles anteriores a 1980.

Quizás sea esta la razón por la que ya nadie habla de la capa de ozono. Los medios de comunicación centran toda su atención en el calentamiento global, y las emisiones de CO2 a la atmósfera como nuevo peligro inminente que producirá, según parecen afirmar, irremediablemente, la destrucción del planeta, y la muerte de toda vida existente. Sin embargo, un estudio reciente, publicado en la revista de divulgación científica NATURE, muestra que tras el análisis de las emisiones de CO2 de las últimas 6 décadas, la creencia general del peligro por la acumulación de CO2 en la atmosfera por las emisiones producidas por el ser humano no sería cierto.

El Instituto Deltares de Paises Bajos, junto al Centro Estadounidense Woodwell y las Universidades UV Amsterdam, Wageningen y Columbia, tras el análisis y una larga investigación, concluyen que la absorción natural del CO2 ha crecido al mismo ritmo que las emisiones, por lo que el peligro anunciado sería inexistente. Así mismo, afirman que la absorción natural de la tierra y de los océanos ha sido tan rápida como las emisiones, lo que choca frontalmente con las teorías del cambio climático  que articulan la mayor parte de las políticas españolas y europea, y defienden lo contrario, augurando terribles previsiones para la humanidad y el planeta.

El debate está abierto, sin embargo, no parece que los medios de comunicación, ni la opinión pública estén dispuestos a permitirlo, actuando cual creyentes de la religión climática, y considerando el cambio climático como auténtico acto de fé incuestionable, aunque existan teorías que, siendo tan aceptables y válidas científicamente, cuestionen la veracidad del catastrofismo climático imperante en las políticas, medios y en la opinión pública.

El planeta es nuestra casa, y no es cuestionable que hay que cuidarlo. La vida sería imposible sin un medio ambiente adecuado, sin un planeta cuidado y limpio, y, por supuesto, siempre estaré a la vanguardia de la defensa de esta premisa fundamental. Sin embargo, es posible mantener ambas posturas a la vez, cuidar el planeta y no dejarse llevar por las creencias climáticas que se han convertido más en un negocio, una religión o forma de vida que en una realidad científica.

David Muñoz Pérez

Profesor de Universidad

Abogado